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Guardia Metropolitana uruguaya: recursos antidisturbios

Autor:   Octavio Díez Cámara

Eventos deportivos de especial magnitud, grandes concentraciones de masas, espectáculos públicos, presencia de VIP’s (Very Important Persons), reuniones del más alto nivel,…, son algunas de las situaciones que requieren de la presencia de contingentes policiales más preparados para dar respuesta a hipotéticas algaradas, manifestaciones y hechos de cierta violencia. Aquellos que protagonizan estas páginas son oficiales de Policía de la República Oriental del Uruguay. Se trata de un contingente de carácter policial que es reducido en cuanto a entidad pero incluye hombres que se caracterizan por una alta especialización; son, por su carácter y adiestramiento, uniformados mucho más capaces que los que normalmente patrullan por las calles de su país.

A ellos, se les confía atender a situaciones de alto riesgo o participar en dispositivos donde su presencia o intervención puede suponer un mejor control situacional de lo que pueda llegar a acontecer. Por ello, y como verán en las páginas siguientes, siguen un proceso de selección y preparación que les capacita para asumir diferentes cometidos dentro de su especialización policial; en ellos, centraremos también algunas de nuestras referencias sobre su potencial de intervención.

Recurso nacional

La  Guardia Republicana despliega en diferentes puntos del la geografía uruguaya y asume cometidos relacionados con la seguridad del día a día en ámbitos rurales o urbanos. La especificidad que define a la capital del país, por el número de personas que allí viven y por la complejidad de alguno de sus barrios, país llevó a situar allí un núcleo especializado de la anterior, al que se conoce como Guardia Metropolitana. Esta última, sería como la Infantería y complementa a lo que es la Guardia de Coraceros, la Caballería.

Su máximo responsable es un capitán que gestiona, auxiliado por un pequeño elemento de “staff” en el que se incluye a otro capitán como 2º Jefe, una organización en la que encontramos cuatro recursos distintos en los que su principal carácter es una dilatada especialización. Uno de ellos, en el que nos vamos a centrar, son los conocidos como antidisturbios.

Se les identifica como Compañía nº 2 en lo que es la organización a la que pertenecen, aunque ese último apelativo es el que se emplea en términos generales para identificarlos respecto de otros. Son cerca de un centenar de hombres los adscritos a su plantilla.  Su Jefe es un teniente 1º, oficial que, junto a una pequeña Plana Mayor de carácter administrativo y de coordinación, gestiona lo que son los entrenamientos y despliegues que les caracterizan.

Para poder atender a lo que es su día a día les recaba están organizados en cuatro grupos de unos veinticinco efectivos cada uno, de forma que cada jornada de la semana haya uno de ellos en alerta inmediata para poder atender a lo que sea menester y hacerlo con gran rapidez. Porque siempre hay personal de baja, en vacaciones o realizando algún curso o especialización, lo que se busca es que pueda disponerse de lo que ellos definen como “grupo de choque”. Está al cargo de un oficial subalterno -Alférez, Teniente 1º o Teniente 2º- y su entidad es de doce efectivos, cantidad de agentes que en el dilatado historial que les caracteriza se ha demostrado suficiente para actuar en la mayor parte de los operativos a los que se destina. Parecería poco, pero téngase en cuenta que se mueven con dos vehículos y son reforzados por otro personal complementario, lo que les brinda mayor “entidad” visual; si la situación lo requiere, se desplegarían dos, tres o más grupos, actuando en una regulación proporcional a lo que pueda ir aconteciendo.

Esa estructura operativa ha quedado definida por los turnos de trabajo que les caracterizan y por lo que de ellos se suele exigir. Cada agente entra de servicio a las siete de la mañana y por periodos de veinticuatro horas consecutivas que dedica a lo que son los entrenamientos que definen su especialización, a atender a aquellas alertas que puedan ir surgiendo, a estar presentes en aquellos dispositivos programados donde se les requiera, o a actividades propias del mantenimiento y entretenimiento del material y equipo. Tras un día de trabajo tienen tres días libres,

Lo más usual es que no se requiera su presencia, salvo situaciones especialmente complejas que pudiesen surgir. Complementariamente, pueden, llevando la uniformidad normal suya y elementos como las armas, atender a lo que se conoce como “Artículo 222”, una disposición administrativa que les permite trabajar como policías para terceros -empresas de transporte de caudales, vigilancia de entidades como el Banco República, presencia en centros comerciales, etc.- y recibir de éstos una remuneración que para muchos es básica a la hora de complementar el reducido salario que perciben desde las instancias oficiales.

Su preparación

El “carácter” que define a los cometidos propios de esta Unidad policial, en la que se mantiene el lema “Unión, fuerza, disciplina”, requiere de personas con un determinado perfil físico y psicológico. De un lado, apuntaremos que la oficialidad que está destinada a la Compañía nº 2 tiene que seguir una preparación específica para dirigir a sus subordinados. Su capacitación la consiguen a través de lo que se conoce como “Curso de Oficiales de Intervención”, una serie de conocimientos teóricos y prácticos que requieren de dos meses intensivos de clases de todo tipo y que tienen que asumir en régimen de internado.

Su cualificación profesional, para darles los recursos que requerirán en sus servicios reales, incluye temas como control de disturbios civiles, operaciones especiales, operaciones rurales, actuaciones en temas en los que se suponga la presencia de artefactos explosivos, protocolos de seguridad para acompañamiento de VIP’s (Very Important Person) y otros muchos más. Es un periodo especialmente duro y muy exigente desde el punto de vista físico.

Respecto de lo que ellos conocen como personal subalterno, grupo que incluye todos los suboficiales y los policías de base, apuntar que lo normal es que escojan este destino justo al iniciar su carrera profesional y cuando son guardias de segunda. Lo harán tras superar los tres meses de preparación inicial y al haber demostrado que son físicamente fuertes y que en lo psicológico también superan a lo que es normal en la media.

No todos valen para ser antidisturbios y es normal que de setenta candidatos sólo se selecciones a un quince por ciento, diez o doce más o menos. Éstos tendrán que seguir una preparación inicial de carácter interno que se conoce como “Adiestramiento en Control de Disturbios Civiles”. Dura una semana intensa, periodo especialmente duro en el que se les lleva a un punto de cansancio físico que llega a agotar a los alumnos. Se les somete a una notable presión psicológica que tienen que soportar, buscando aquellos que serán idóneos. Todo ello, tiene un objetivo básico: que los seleccionados puedan incluirse en los grupos de choque y permanezcan en disposición de actuar pero sin que la situación que les envuelva -en especial grupos de violentos gritándoles o intentando generar en ellos una determinada respuesta- sea definitoria de lo que realizarán.

Cuando se les ordene, intervendrán. Buscarán hacerlo como “una fuerza inteligente”. Estos guardias están sometidos a un intenso adiestramiento que incluye prácticas casi todos los días. Trabajan sobre todo los despliegues con sus vehículos, las distintas formaciones cerradas con las que buscarán “intimidar” a sus oponentes -un grupo de doce podrá ser efectivo contra quinientos, eso sí aplicando con control sus diferentes capacidades-, se adiestran con los lanzadores de granadas lacrimógenas y máscaras antigás para estar preparados y actuar diligentemente cuando les sea necesario usarlos, practican el tiro con los diferentes modelos de armas cortas de dotación, se entrenan en lo que es la progresión por espacios urbanos para cuando se les requiera actuar en situaciones domésticas, etc.

Todo ello busca prepararlos para los diferentes cometidos que a ellos, como fuerza de choque que son, se les exigirá. Uno, el principal, sería actuar como elemento antidisturbios en caso de incidentes, desórdenes públicos, algaradas, enfrentamientos entre hinchas deportivos y un largo etcétera de situaciones donde un disturbio mal controlado pueda degenerar en una situación difícil de estabilizar. Otro sería intervenir en cárceles con ocasión de motines o de revueltas, para que los presos depongan de actitudes hostiles.

Junto a los anteriores, podríamos incluir las labores de patrullaje que pueden encomendárseles en zonas conflictivas o cuando se detecte un repunte de cierta actividad criminal en un área determinada. También les corresponde el acompañamiento de VIP’s o de los autobuses que trasladan a los equipos de fútbol, baloncesto,…, en determinados encuentros de referencia nacional o internacional; el traslado de determinados detenidos o el acompañamiento a centros asistenciales sería una actividad complementaria.

Sobre su equipo, decirles que llevan un cinturón clásico de concepción e inspirado en los antiguos de tipo militar. Allí, sitúan elementos como la pistola Glock 19 del calibre 9x19mm Parabellum, que llevan en una funda fijada en el costado de la pierna para que quede especialmente a mano, y varios cargadores para la misma. También grilletes, varios tipos de defensas y los equipos de comunicaciones que garantizan los enlaces entre el personal, aunque en determinados dispositivos recurren a órdenes visuales que también son muy efectivas.

Para el caso de algaradas, motines y demás tipos de revueltas recurrirán a un equipamiento específico que incluye tomfas de madera especialmente contundentes y protecciones de material sintético cubriendo la parte frontal inferior de las piernas. En la cabeza emplean cascos de protección con visera frontal para evitar cualquier impacto accidental y un reborde trasero que protege la zona del cuello, sobre todo de objetos que les puedan lanzar. En el torso una prenda antibalas ligera y de tipo exterior, con fijaciones de velcro para situar diferentes tipos de rótulos que avisen de lo que son.

Además de la semiautomática, que tiene una utilidad determinada, recurrirán a escopetas para lanzar disparos de salvas o de proyectiles no letales. Se trata de modelos del calibre 12 y accionamiento por corredera, de los que disponen de ejemplares con culata fija y otros con culata tipo pistolete que reduce su tamaño general y facilita los movimientos en lugares exiguos. Llevarán con ellos lanzadores monotiro con los que disparar diferentes tipos de artefactos, especialmente lacrimógenos y fumígenos, con los que desescalar tensiones. En determinadas actuaciones lo harán llevando con ellos los subfusiles Heckler & Koch MP5A2 y A3 -unos con culata fija y otros con ella retráctil- que, desde hace muchos años, tienen en dotación, armas también del 9mm Para. en las que es habitual estén provistas de dos cargadores -unidos con grapa de HK- con capacidad para treinta municiones en cada uno. Escudos balísticos de protección, furgones Mercedes “Sprinter” de tipo largo acondicionados para el traslado de personal, vehículos ligeros y hasta algún camión blindado 4×4 para determinadas actuaciones -un antiguo furgón de transporte de caudales con un pacha choques reforzado y otros implementos- completan lo más característico de esta fuerza policial.

Complementariamente a ese núcleo descrito, y como refuerzo, la Guardia Metropolitana puede activar otra de sus capacidades. Se la conoce como Brigada “Puma”. Es un núcleo de intervención inmediata caracterizado y equipado con patrullas especialmente móviles que están dispuestas a actuar con especial diligencia cuando se les recabe. Los “Puma”, conocidos anteriormente como Compañía nº 4, tienen como máximo responsable a un teniente 1º que coordina la actividad de medio centenar de agentes. Operativamente hablando, apuntar que lo que les caracteriza es que trabajan como “unidad de combate”. Esa es la designación que en este grupo se da al binomio o binomios que trabajan juntos. Cada uno de ellos está formado por dos agentes moviéndose en otras tantas motocicletas y trabajando, de forma especialmente coordinada, en beneficio de una misión particular que se les pueda asignar o de la genérica que les caracteriza: vigilar para actuar de inmediato cuando surja una problemática de seguridad que tenga que ser atajada de raíz. Esa disposición operativa en lo que a sus vehículos se refiere, les permite moverse con más agilidad en aquellos lugares en que el tráfico sea más intenso y llegar antes al punto donde se les requiera, pudiendo desplazarse tanto por zonas urbanas como rurales porque la mayoría de sus motos son todo terreno y de tamaño bastante compacto.

Este artículo fue publicado en el número de la Revista Táctical Online Julio 2019.

Tactical Online Julio 2019
Tactical Online Julio 2019

Sección de Operaciones Especiales, Pima County Sheriff

Autor:  Octavio Díez Cámara

Por el título de este reportaje, ya habrán podido entrever que les vamos a hablar de un colectivo policial nada convencional. Frente a lo que, en primera instancia podía parecer, no está, para nada, relacionado con el aspecto táctico del asalto policial y a ellos, que son muy populares en el Departamento para el que trabajan, les corresponden cometidos habituales en beneficio de la actuación general que vela por la seguridad en el Condado de Pima (Arizona).

Una de las actividades que les caracteriza se centra en vigilar el consumo de bebidas alcohólicas, sobre todo los viernes y sábados por la noche, por parte de colectivos de jóvenes. Suelen reunirse en locales para bailar, reír, beber, interactuar,…, y tras una noche divertida regresan en sus vehículos a sus domicilios, tránsito que suelen realizar a más velocidad de la que sería habitual. Por ese motivo, y porque su tasa de alcohol en sangre suele estar por encima de los niveles permitidos a aquellos que conducen, el Departamento del Sheriff del Condado de Pima (PCSD, Pima County Sheriff Department) suele establecer controles para vigilar que se cumpla la legalidad. Lo hacen de forma especialmente visible, con varios vehículos de tamaño medio organizados de forma que quienes llegan hasta donde se encuentran tengan claro el objetivo de los agentes. Señalizan y balizan, con luces destellantes, el punto y realizan un control visual de los que van pasando por su filtro.

Cada cierto tiempo, y en función de la experiencia de los oficiales y de las reacciones de los conductores, se decide realizar una verificación con un test de drogas y de alcohol en sangre -allí lo llaman BAC (Blood Alcohol Concentration)-. Si se detecta la presencia de alguna sustancia o la tasa del segundo supera el 0,15% se les detiene. Los engrilletan, leen sus derechos y en un vehículo logotipado policial pasa a las dependencias judiciales para, a primera hora de la mañana del día siguiente tener un careo con el juez. En función de su historial -tres incidentes similares en siete años se consideran falta gravísima- y de otros parámetros, se dictará una u otra sentencia. La primera vez será de un mínimo de diez días en prisión, a lo que hay que añadir una multa de 1.250 dólares, la superación de un curso de reeducación, la obligatoriedad de llevar un sistema que inhibe del arranque de un vehículo si se supera una determinada tasa de alcohol y el prestar una serie servicios en beneficio a la comunidad para resarcirla del peligro que ha podido representar su actitud.

El castigo, es diferente del que se aplica aquí y es más incisivo, porque conducir ebrio o habiendo consumido sustancias narcóticas pone en peligro la vida de los demás, y eso es una conducta que hay que atajar y evitar.

En estas páginas van a conocer algo más de la llamada Sección de Operaciones Especiales (SOS, Special Operations Section), un conglomerado de pequeñas unidades organizadas en el seno del PCSD que se ocupa de la labor policial asignada en un área de unos veinticuatro mil kilómetros cuadrados próximo a Tucson en una zona centro-sur del estado de Arizona.

Trabajo poco convencional

La SOS es uno de los recursos que dispone el Sheriff del Condado de Pima -en enero de 2017 se escogió por la ciudadanía para este cargo a Mark Napier-  para poder llevar a cabo las funciones propias de una agencia policial en un área donde vive un millón de personas. La estructura del PCSD incluye distintos departamentos que cubren los distritos de  Ajo, Foothill, Green Valley, Rincon, San Xavier y Tucson Mountain-. Uno de sus elementos más importantes, porque asume cometidos distintos a los clásicos de patrulla, es la División de Respuesta Especializada (SRD, Specialized Response Division) en la que, con un capitán como Mando, se cuenta con la Sección de Respuesta Táctica (TRS, Tactical Response Section) con personal especializado en cometidos de detención de terroristas o peligrosos delincuentes, la Sección de Comunicaciones que asume desde las labores de recolección de llamadas y avisos hasta temas relacionados con el adiestramiento, y la SOS que nos ocupa en este reportaje.

Esta última, que poco tiene que ver a primera vista con lo que su nombre parece indicar, tiene asignados unos cometidos que son variopintos e incluyen uno que ya les hemos explicado al inicio de estas páginas.

El máximo responsable de la SOS es un teniente. Ejerce el Mando sobre cinco núcleos de trabajo que tienen cada uno a un sargento actuando como Team Leader y suman cerca de cien efectivos en total. Su especialización les lleva sobre todo a realizar cometidos de apoyo aquellos que patrullan por los diferentes distritos reforzándolos o brindándoles soporte laboral más especializado, tarea que requiere que en determinados casos vistan una uniformidad más confortable de la firma 5.11 Tactical.

Uno es la Unidad de Tráfico. La que ellos conocen como Traffic Unit, núcleo especializado en observar, vigilar y conocer detalles de cómo fluye el tránsito por las principales vías. Ese conocimiento, les permite intervenir en el caso de que se produzcan atascos u otro tipo de incidentes o accidentes. Sus policías llevan turismos logotipados que se benefician del despliegue de dispositivos radar, como el “Golden Eagle” II o el “Talon” II en un número cercano a los veinte, con los que controlar áreas o determinadas vías. Los complementan con sistemas “Lidar” -en su caso diez de los “Pro Laser” 4- que se apuntan hacia un determinado objetivo para conocer cuál es la velocidad, con una precisión de +/- 2 kilómetros/hora, a la que se desplazan, pudiendo identificar a algún conductor que se mueva con su vehículo entre otros y saber si está o no dentro de los límites establecidos en un punto concreto.

Otro núcleo que, como hemos ya apuntado, da carácter a la SOS es el llamado Unidad DUI (Driving Under the Influence) es la responsable de dos actividades muy concretas. Una se refiere al establecimiento, sobre todo preventivo pero en ocasiones reactivo, de controles que, convenientemente localizados en áreas problemáticas o en días y franjas horarias determinadas -los viernes y sábados por la noche sobre todo, para lo cual se dispone de recursos económicos que permiten pagar horas extras, lo que allí se conoce como overtime-, buscarán tanto localizar a quienes no actúan diligentemente como generar una labor disuasoria ante las penas y multas a las que se enfrentarán quienes no conduzcan dentro de los límites legalmente establecidos. Complementariamente, casi todos los patrulleros del PCSD llevan en sus vehículos un dispositivo PBT (Preliminary Breath Test device) tipo CMI “Intoxilyzer” 300 con el que tomar datos iniciales que permitan identificar a personas bebidas o drogadas.

La otra actividad que desempeñan, que es una labor más a futuro pero también relevante por lo que supone de concienciación de los más jóvenes, es la que lleva a algunos de sus componentes a dar charlas preventivas sobre la problemática de conducir con niveles de alcohol en sangre que superen la legalidad o después de haber consumido sustancias narcóticas o distintos medicamentos, lo que les hace visitar tanto a centros escolares como a distintas asociaciones establecidas a lo largo del condado de Pima.

El grupo DUI dispone de furgones y remolques logotipados para que sea visible su ubicación en un determinado entorno en los que transportan todo aquello necesario para identificar su posición o para tomar muestras a aquellos sujetos que sean objeto de su interés. En ese sentido, comentar que mantienen un importante esfuerzo de colaboración con la Oficina de Seguridad en Vías Rápidas del Gobernador del Estado (GOHS, Arizona Governor’s Office of Highway Safety). Si atendemos a las estadísticas publicadas en los últimos años en su área de responsabilidad se producen cada año entre mil doscientos y mil quinientos arrestos por temas relacionados con DUI, cifra a la que hay que añadir un número superior a los cien menores que son localizados cada año con síntomas de haber consumido alcohol o drogas.

Otras capacidades

Un tercer grupo es la Unidad de Motos o Motor Unit. Engloba a un colectivo de siete agentes y al sargento que los coordina. Están especializados en desplazamientos en los que lo que les caracteriza es que se mueven con potentes motocicletas, pudiendo tanto atender a una llamada de forma especialmente veloz como moverse por puntos de tráfico denso con mayor soltura, lo que les hace más diligentes en sus actuaciones. Sus motos son del modelo Honda ST 1300P que es muy estable y cómoda, estando equipadas, favoreciendo la labor policial, con un ordenador que permite acceder a distintas bases de datos gracias a un enlace wireless, un dispositivo “Lidar” que para ellos les es especialmente útil y hasta un soporte específico en el que llevan consigo, y especialmente a mano, un fusil de asalto AR-15 del calibre 5,56x45mm que es capaz de realizar acciones de fuego semiautomáticas pero especialmente contundente. Esta arma larga, en la que suelen llevar situado un visor de punto rojo tipo Aimpoint, fue adquirida no hace mucho por el PCSD para distribuirla a la mayoría de sus uniformados y que la tengan a mano para cualquier acción que pueda surgir en el devenir de aquellos operativos y dispositivos policiales en los que participan.

Un cuarto grupo es la Unidad de Recursos Escolares (SRU, School Resource Unit) que comprende una quincena de personas habilitadas para realizar charlas, vigilancias y controles en medio centenar de colegios y escuelas de su área de responsabilidad. De ella surgen los agentes que suelen estar en permanencia en los diecinueve emplazamientos donde se cursan estudios de grado medio y superior, pues allí se pueden concretar desde cometidos de apoyo a los órganos de dirección hasta la realización de determinadas investigaciones policiales. Les caracteriza una relación reiterativa y regular con distintas personas que se hayan identificado como potencialmente problemáticas o que sean objeto de un seguimiento concreto para evitar actitudes potencialmente peligrosas para sus compañeros, incidiendo así, y de forma proactiva, en que sea más difícil que cometan algún delito.

Por último, su más reciente recurso es la Unidad Canina. La K9, o Canine Unit,  es el grupo donde se dispone de oficiales guías que trabajan siempre con perros especialmente adiestrados. Su cometido principal es dar apoyo con canes a las distintas operaciones policiales de su Departamento. Lo hacen en áreas como la prevención y la detención de actividad criminal, la localización y detención de determinados sujetos tanto en áreas abiertas como en zonas edificadas, la protección a sus compañeros policías o a los ciudadanos, el proporcionar capacidad de búsqueda y rescate para localizar a personas perdidas, la localización de sustancias ilegales peligrosas e intervenir en los procesos de búsqueda de narcóticos y explosivos, o el colaborar, prestando asistencia táctica, a unidades como el SWAT (Special Weapons And Tactics) o al Departamento de Prisiones que se encarga de la seguridad y vigilancia de diferentes centros donde se concentra a la población reclusa que ha quedado bajo la dependencia del PCSD.

La realización de esas variadas y complejas labores que les hemos apuntado exige de una preparación específica de aquellos que son los guías y de un proceso laborioso de selección y adiestramiento de los perros -dentro del mismo aprenden a trabajar llevando un chaleco canino de protección antibala-,   encargándose los agentes de todo el cuidado de los canes. De esta manera, se incide en una mejor interacción entre los dos elementos que conforman el binomio que intervendrá ante distintos tipos de alertas. En la actualidad se dispone de doce perros especializados tanto en la localización de sustancias narcóticas como en la labor propia de la patrulla policial por zonas rurales y urbanas. De los mismos, se encargan otros tantos oficiales que viajan en furgonetas de mayor tamaño que incluyen en su interior una zona habilitada como canil, un aire acondicionado más potente y elementos como un avisador que emite una alarma si en el interior del vehículo se supera una determinada temperatura, posibilitando incluso la apertura de la puerta a distancia gracias a un mando que lleva el guía.

Como ha podido ver el lector la SOS es un elemento policial con carácter y contundente, correspondiéndoles a aquellos que forman parte de su estructura una serie de misiones y cometidos que son de lo más variado.

Este artículo fue publicado en el número de la Revista Táctical Online Septiembre 2019.

Tactical Online Septiembre 2019

Cascos balísticos de titanio en las dotaciones policiales alemanas

Los Estados Federados alemanes incorporan desde hace un par de años cascos balísticos de titanio en sus dotaciones policiales.

  • Un concepto probado en cada vez más Estados Federados: dos cascos balísticos de titanio por cada coche patrulla
  • Los cascos de titanio ofrecen una protección eficaz contra los tiroteos en ataques terroristas y homicidas, así como en caso de escaladas de violencia
  • El fabricante ULBRICHTS Protection suministra un concepto de casco de titanio probado en intervenciones y especialmente destinado a policías en tareas de seguridad ciudadana y control de masas.

12 de los 16 Estados Federados alemanes han optado por adquirir cascos protectores balísticos para sus policías. Alrededor del noventa por ciento de los cascos adquiridos proceden de los especialistas austriacos en cascos de titanio balísticos, la compañía ULBRICHTS Protection.

Actualmente, más Estados Federados están considerando comprar cascos balísticos para su uso en servicios de seguridad ciudadana y control de masas. También en Austria y en algunos cantones suizos se está ampliando el equipo de protección individual de los patrulleros, incorporando cascos de titanio balísticos. Asimismo, la República Checa, Francia, Finlandia,…, entre otros países europeos, lo están adquiriendo.

Estas iniciativas de aprovisionamiento son una respuesta decidida a los ataques terroristas ocurridos recientemente, que han llevado a reevaluar la situación de amenaza y a adaptar los enfoques de intervención y equipamiento. A esto se añade la relevancia de la cuestión de ofrecer una mayor protección a los policías en servicio, sobre todo teniendo en cuenta la escalada de violencia que tiene lugar cada vez más frecuentemente en las calles.

Una mayor protección para los primeros intervinientes

Normalmente, poco después de una llamada de emergencia, son los policías de Seguridad Ciudadana los que primero acuden al lugar de los hechos -primeros intervinientes-. Numerosos escenarios de intervención, en especial los ataques homicidas o terroristas, no permiten esperar a que lleguen los grupos operativos más especializados y capacitados. De ahí que los nuevos niveles de intervención prevean una actuación inmediata. Una gran amenaza son los disparos a corta distancia. Esto ocurre tanto en ataques homicidas como terroristas, así como en intervenciones mucho más habituales en las que se portan armas de fuego sin que haya un móvil terrorista, como en atracos.

Los cascos de titanio brindan una protección eficaz contra disparos directos hechos, por ejemplo, con un fusil de asalto o un subfusil. El material impide que quien lleva el casco resulte herido de gravedad o muerto debido a la deformación del elemento protector de la cabeza. Los cascos de ULBRICHTS Protection cumplen los requisitos técnicos de la Directiva técnica “Technische Richtlinie (TR) – Gesamtsystem Ballistischer Schutzhelm 05/2010”, reconocida en toda Europa. Esta directiva tiene en cuenta no solo la efectividad para detener los proyectiles sino también, según las directrices VPAM HVN 2009 (Vereinigung der Prüfstellen für angriffshemmende Materialien und Konstruktionen), el “efecto traumático”. Este término hace referencia a las lesiones mortales que pueden surgir como consecuencia de la deformación del casco aún cuando este hubiera detenido el proyectil.

Los cascos de titanio también ofrecen protección frente a explosiones, puñaladas, golpes y sustancias químicas. Por otro lado, todos sus componentes son ignífugos. El sistema interno del casco se puede ajustar con precisión al usuario con un movimiento de la mano accionando el mando rotatorio desde fuera. De este modo se puede ajustar a 14 tamaños de cabeza diferentes en sólo unos pocos segundos.

Casco de titanio HOPLIT

Con el HOPLIT, ULBRICHTS Protection ofrece un casco protector balístico que protege eficazmente a los policías en caso de ataque homicida o terrorista. El HOPLIT, en servicio en varias agencias policiales europeas, brinda el mismo nivel de protección antes reservado a las unidades especiales. No obstante, al estar hecho especialmente a la medida de las necesidades de los policías en servicio de Seguridad Ciudadana, es mucho más ligero que los grandes cascos de las unidades especiales. Además de con el sistema Quick Size para una regulación rápida del tamaño, los cascos de titanio HOPLIT se suministran, opcionalmente, con un adaptador de visera y con distintas viseras balísticas. Elegir una variante híbrida -de aleación de titanio y aramida- puede ofrecer una protección antiproyectiles y antifragmentación todavía mejor. Los cascos de titanio de ULBRICHTS Protection destacan por su nivel de protección superior, su gran comodidad y su larga vida útil.

Casco de titanio OPTIO

Pensado para las unidades de Control de Masas el casco de titanio OPTIO ofrece una serie de ventajas con los cascos de protección habituales.

Durante una intervención de control de masas, es muy probable que recibamos impactos de media y alta velocidad de toda clase de objetos, canicas de acero y vidrio, piedras desde diferentes alturas, incluso proyectiles balísticos. Además, cada vez más las unidades de intervención policial, participan en acciones de alto riesgo como entrada en inmuebles, atracos, etc. Estas intervenciones pueden derivar rápidamente en un intercambio de disparos donde la cabeza normalmente va desprotegida contra impactos de alta velocidad.

Los cascos de titanio OPTIO son una excelente combinación entre balístico y antitrauma, ofreciendo la ligereza que se requiere para poder pasar largos periodos de tiempo con el puesto.

Protección VPAM 6+ adicional

Cuando la situación lo requiere, los cascos Ulbrichts están a la altura. Con su sistema patentado FORTIS, los cascos Ulbrichts de titanio pasan rápidamente a incorporar una protección frontal con una resistencia a proyectiles del 7,62×51 mm.

Acerca de ULBRICHTS Protection

ULBRICHTS Protection, de Schwanenstadt (Austria), es una división de ULBRICHTS Witwe GmbH que fabrica cascos balísticos de titanio y titanio-aramida (híbridos). La cartera internacional de clientes de la empresa incluye cuerpos policiales y militares de todo el mundo. ULBRICHTS Protection es uno de los operadores más experimentados del mundo en protección balística para la cabeza.

Ulbrichts es distribuido en España por AASIAS.com

Este artículo fue publicado en el número de la Revista Táctical Online Noviembre 2019.

Tactical Online Noviembre 2019

DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE TEMPE

Autor:   Octavio Díez Cámara

Fue ahora hace diez años, con el objetivo de preparar un reportaje en la revista impresa -“Tactical”- que precedía a esta que se publica en formato PDF en la red de redes, cuando visité por vez primera la organización policial a la que vamos a dedicar estas páginas. Aquel primer acercamiento, del que se me quedó grabada la frase “mejor sudar, que sangrar” del oficial Garibay respecto del empleo del chaleco antibalas en un entorno donde son normales temperaturas de cuarenta grados centígrados o más, lo he completado con otros más a lo largo de la década que ahora se acaba, pudiendo conocer con más lujo de detalle algunos de los elementos más característicos que conforman la organización actual del Departamento de Policía de Tempe (Arizona).

Ahora, en estas páginas, les vamos a hacer una introducción genérica a lo que el TPD (Tempe Police Department) hace en su día a día, con aportaciones más detalladas de algunos ámbitos que hemos creído relevante concretar. Aprovechamos estas páginas para agradecer a todos aquellos oficiales que nos han apoyado, de forma directa o indirecta, en aquellas experiencias que hemos vivido con ellos. Como verán, el TPD tiene unas capacidades nada desdeñables y ha desarrollado una serie de funcionalidades que le imprimen un carácter policial que ha hecho que su modelo haya sido copiado por otras ciudades de su entorno.

Estructura de trabajo

Tras una época en la que las restricciones económicas han hecho que el gobierno de la ciudad de Tempe haya tenido que acometer algunas decisiones drásticas en lo que a plantilla se refiere, hoy son aproximadamente tres centenares y medio los oficiales, tanto hombres y mujeres, que están adscritos a lo que son aquellas tareas directamente relacionadas con la prestación del servicio policial en un área que cubre unos cien kilómetros cuadrados, tiene unos ciento setenta y cinco mil habitantes censados, y acoge hasta trescientos mil residentes o visitantes en casos de determinados eventos o porque sus universidades atraen a numerosos alumnos de otros puntos de los Estados Unidos para poder formarse allí. Les apoyan otros colectivos de funcionarios públicos y personal contratado, por lo que la suma de ambos núcleos se aproximaría al medio millar.

El TPD lo dirige la Jefe Sylvia M.Moir que lleva desde marzo de 2016 en el cargo, policía experimentada pues había ocupado también la jefatura en PD El Cerrito y prestado servicios en el PD de Sacramento, además de graduarse en Ciencias de la Justicia Criminal en la universidad de Sacramento. Bajo su Mando, encontramos una organización que opera en seis zonas distintas de su área metropolitana organizándose así en estructuras que, lideradas por tenientes, tienen un mejor potencial de atender con diligencia a lo que se les requiere. En beneficio de ese despliegue operan desde varios puntos que incluyen sus oficinas centrales, o Police Headquarters, en el 120 E. de la 5th calle, la subestación de Apache en el boulevard del mismo nombre -invirtieron en ese espacio, que se inauguró en 2009, 25 millones de dólares- y la subestación de Hardy que incluye instalaciones amplias para que operen allí núcleos como el que realiza sus servicios a caballo.

Desde el punto de vista organizativo, comentarles que el TPD, que asume cometidos más preventivos que reactivos siguiendo una línea de trabajo en la que ahondan cada vez más para satisfacer los estándares elevados que su comunidad les exige,  se estructura en cuatro áreas especialmente relevante. La Oficina del Jefe es un núcleo que asume cometidos que les implican en la administración y supervisión general de todas las operaciones que se llevan a cabo, verificando también temas relacionados con la coordinación e investigación de procedimientos e incidiendo también en el liderazgo propio de una estructura que focaliza su labor en las necesidades de los diferentes grupos que se aglutinan en su comunidad.

Otra es la llamada de Operaciones de Campo o Field Operations, con unos doscientos agentes asignados a diferentes tareas y cometidos. Es la que realiza un despliegue más visible pues sus efectivos se suelen repartir en cuatro de las las seis zonas que antes les hemos reseñado para patrullar, en turnos de día o de noche que suelen ser de diez horas -cada agente trabaja cuatro jornadas a la semana, aunque suele haber posibilidad de realizar horas extras adicionales en un número significativo-, con diferentes medios de movilidad en beneficio de sus misiones. Ellos son responsables de cubrir las necesidades derivadas de un tráfico intenso en sus calles, investigando accidentes y realizando informes de los mismos. También les caracterizan actividades como la realización de investigaciones preliminares de las escenas de los crímenes, mostrarse para que su presencia evite incidentes o accidentes, trabajar con la comunidad para conocer lo que les preocupa o aplicarse en las necesidades de eventos que se programan en el área de responsabilidad o ante la masiva presencia de público determinados día en la zona del Distrito de “Mill Avenue” que concentra muchos espacios, como restaurantes o bares, dedicados a temas lúdicos.

Su responsable coordina los esfuerzos de unidades como las de patrulla, de ciclistas (BS, Bike Squad), la montada (MU, Mounted Unit), la canina (K9 Unit), la que lucha contra las bandas (GU, Gang Unit), la táctica para cometidos especiales (TRU, Tactical Response Unit), la que cubre cometidos de reducción de la amenaza (TM, Treta Mitigation), la de eventos especiales (SE, Special Events) o la de tráfico (TB, Traffic Bureau).

La primera de las del párrafo anterior suele incluir vistosos vehículos en los que viaja un solo oficial, obteniendo así una mayor presencia en las calles y poder concentrar, en caso de recibir una alerta por un incidente, un mayor número de furgones o de turismos en un determinado emplazamiento. Sobre los de BS, que se mueven en bicicletas para así sortear de manera más ágil el tráfico en aquellas zonas y lugares en que es especialmente intenso y así ofrecer una respuesta más precisa en áreas concretas de la ciudad, señalar que se trata de unos dieciocho oficiales liderados por un sargento que operan en tres grupos de trabajo diferentes generalmente entre las seis de la tarde y las cuatro de la madrugada, pues concentran su mayor actividad por la noche y los fines de semana.

En la MU se dispone de siete caballos asignados a un núcleo en el que encontramos un sargento, dos oficiales adscritos a jornada completa, trece oficiales de reserva y dieciocho voluntarios. El K9 Team incluye seis guías caninos y otros tantos perros especialmente adiestrados en temas de detección de drogas y explosivos, así como en otras cometidos que incluyen la asistencia a las necesidades de las patrullas en la calle. Para aplicarse en la reducción de la amenaza, lo que ellos llaman TM disponen de dos equipos tipo ACTION (Attacking Crime Trends In Our Neighborhoods) en los que encontramos una escuadra especializada en resolver problemas de criminalidad específicos, núcleo coordinado por un sargento que dirige a media docena de efectivos adicionales.

Por último, en TB se engloba el esfuerzo de nada menos que treinta y dos personas que, incluyendo a tres sargentos y a catorce oficiales, se empeñan en la prevención de los accidentes y a la atención si se concretan, atendiendo también a los controles DUI que buscan a aquellos que conducen bajo los efectos del alcohol o de las drogas; dentro de este último opera un pequeño núcleo con potentes motocicletas, el llamado SEMS (Selective Enforcement Motorcycle Squad), y también otro, el designado PE (Parking Enforcement) que vigila y controla todo lo relacionado a la ubicación de los vehículos cuando no se desplazan por las calles y permanecen parados en ellas o en las zonas convenientemente habilitadas para aparcar.

Distintas capacidades

Un tercer “activo” en este Departamento es el que se obtiene por aquellos recursos operados por la División de Investigaciones que reúne distinto personal caracterizado por sus cometidos más técnicos. Entre ellos se encuentran los desactivadores de artefactos explosivos del BS (Bomb Squad), los detectives que realizan todo tipo de investigaciones especiales y criminales en temas como la violencia doméstica o los asaltos y homicidios, la unidad táctica que es su caso recibe la designación de SWAT (Special Weapons And Tactics) y los especialistas asignados al PSB (Personnel Services Bureau) que se encargan de actividades como las prácticas de tiro que se organizan de forma regular, contactar con aquellos interesados en entrar a formar parte de esta organización para informarles de todo lo que necesiten conocer o los formadores que realizan clases teóricas y prácticas en beneficio de sus compañeros. Del SWAT, apuntar que incluye un teniente y cuatro sargentos que lideran otros tantos equipos -los Team 1, 2, 3 y 4- operativos de seis efectivos cada uno; se trata de un núcleo “part time” -adscripción parcial a la capacidad táctica- obtenido por aquellos que patrullan en las calles, participan en actividades encubiertas o que forman parte de grupos como el CIC (Crime and Intelligence Center), los ACTION o el CAST (Criminal Apprehension Suveillance Team) que se ha especializado en la localización y detención de peligrosos criminales. 

Completarían sus elementos otros relacionados con la División de Organización y Servicios que cubre cometidos y responsabilidades únicas en la verificación de los estándares policiales, la auditoria interna, el enlace con los medios ce comunicación o la operación de las instalaciones donde se ubican a los detenidos antes de pasar a disposición policial, grupo completado por una serie de voluntarios que son activados en aquellos casos especiales en los que se requiere una mayor capacidad de esta organización. De ella depende el centro técnico donde trabajan varias decenas de personas durante las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año para recoger todas las llamadas alertando de necesidades de la comunidad y desde el que se derivan aquellos recursos necesarios para atenderlas de la forma más precisa, oportuna y correcta; su salario anual es de unos 44.000 dólares -recuérdese el cambio actual aproximado de 1,1 dólar por un euro- y cada año se necesitan entre cinco y diez personas más para reemplazar a aquellas que, por diversos motivos, dejan una actividad de la que sabemos que es especialmente estresante y exigente.

Respecto de los agentes que se trabajan para el TPD decirles que en función de la época les es más fácil o difícil obtener candidatos para cubrir las bajas que se producen en la actual plantilla. Para aquellos interesados, les ofrecen un sueldo base de entre 58.961 y 79.690 dólares y otros beneficios dedicados a uniformidad, salud, formación, planes de pensiones, etcétera. No todo es tan positivo, pues sólo disponen de 11 días de vacaciones pagadas al año y su trabajo es especialmente exigente y hasta peligroso. Para formar a aquellos candidatos preseleccionados, que tienen que tener al menos veinte años cumplidos y cumplir unos exigentes estándares designados en el estado de Arizona, se les envía a un centro de formación. En su caso, van a la Academia del Departamento de Policía de Phoenix, que dista unos treinta kilómetros de su ubicación y está en su misma área metropolitana. Pasan dieciséis semanas allí realizando todo tipo de temas teóricos y prácticos que deberán complementar con un periodo posterior de otras catorce semanas acompañados de personal del TPD cualificado como formadores de campo (FTO, Field Training Officer) para que vayan cogiendo soltura y experiencia de lo que caracterizará su trabajo en las calles de la ciudad  de Tempe.

Como apunte final a estas páginas concretarles que hemos tenido acceso al último informe en el que se detalla la criminalidad que les afecta y que incluye tanto datos del año pasado como del actual. Centrándonos en 2018, decirles que asistieron a un total de 8.727 incidentes relacionados con diferentes tareas que les son propias en su ámbito policial. Cinco homicidios, ciento setenta y nueve violaciones, ciento ochenta y ocho robos con violencia, quinientos treinta y seis asaltos, mil veinte sustracciones, quinientos cuarenta y dos robos de vehículos, doce incendios y más de seis mil doscientos hurtos, datos que reflejan que pese a ser un área bastante tranquila sí se concreta una actividad delictiva y general que requiere de un empleo adecuado de los recursos asignados por la comunidad para garantizar la seguridad de la ciudadanía local y de los visitantes.

Este artículo fue publicado en la Revista Táctical Online Noviembre 2019.

Tactical Online Noviembre 2019
Tactical Online Noviembre 2019

PRÁCTICAS, CON EL SWAT DE GLENDALE, EN ENTRADAS USANDO EXPLOSIVOS

Autor y Fotos: Octavio Díez Cámara.

En el devenir de las visitas que realizamos a diferentes unidades policiales alrededor del mundo para conocerlas mejor hemos tenido distintas experiencias de primera mano para conocer algunos de los procedimientos operativos que podrían emplear en el curso de sus operativos. Curiosas, por lo que define su preparación y ejecución, son aquellas en las que se usan diferentes tipos de cargas explosivas para tirar abajo puertas y ventanas, practicar agujeros en paredes desde los que realizar disparos efectivos sobre los que están dentro, o para facilitar la entrada a recintos especialmente protegidos.

No es usual que las agencias policiales que las practican enseñen a terceros esos procedimientos tan específicos. La Revista TACTICAL-Online les va a presentar, sobre todo en las imágenes que acompañan estas páginas, algunos de los ejercicios que, para mantener su capacidad en la materia, realizan los componentes de la Unidad Táctica de la Policía de Glendale, en el área metropolitana de Phoenix en Arizona. Estuvimos con su SWAT (Special Weapons And Tactics) y su Equipo de Desactivación de Explosivos (EOD, Explosive Ordnance Disposal) -ambos formando parte de la Unidad de Respuesta de Emergencias- durante una jornada formativa eminentemente práctica en la que aprovechaban una edificación que se iba a demoler para ejercitarse en ella en condiciones especialmente próximas a la realidad que caracterizaría uno de sus despliegues tácticos; en Estados Unidos, como ya hemos vivido en otras ocasiones, suele ser habitual que los departamentos de Policía aprovechen hoteles, edificios o fábricas que se van a demoler para ejercitarse en el tiro, entradas mecánicas o entradas explosivas allí, para así capacitar mejor a su personal.

Entradas explosivas

La experiencia que aquí les presentamos refleja la notable preparación de aquellos que forman parte del SWAT de Glendale, Unidad que ya les presentamos en anteriores números de TACTICAL-Online. La hemos visitado durante las dos últimas décadas en varias ocasiones e incluso hemos sido partícipes de algunos de sus ejercicios más especializados. En esta ocasión, lo que iban a realizar era la parte práctica de una jornada que cada mes dedican a su preparación más intensa en diversas metodologías propias del asalto policial; en este caso concreto se desarrollaba en un área urbana, con otros próximos, aunque la particularidad de lo que realizaron sirve también para los situados en zonas más rurales.

Los agentes SWAT procedieron después de personarse en el lugar de concentración, al que llegaron con sus vistosos vehículos, furgones y hasta un potente blindado de ruedas Lenco, a concentrarse alrededor del teniente que lideraba la práctica. Lo primero, recibir determinadas instrucciones y lo segundo repasar el equipo personal y armamento que llevaban en su equipación para ese adiestramiento. Era, por las condiciones propias de las explosiones, especialmente relevante todo lo relativo a la protección de ojos, oídos, cabeza, manos y torso, por lo que los agentes se repasaron a si mismos y a sus compañeros para las últimas comprobaciones.

Posteriormente, ya con más calma, recogieron del “Bear” -un blindado de Lenco de grandes dimensiones-. una serie de armas idénticas a las que ellos emplean en sus acciones reales pero que tenían partes pintadas de color azul. Se trataba de pistolas Glock y fusiles de asalto tipo M4 adaptadas con un sistema de tiro reducido que facilita la realización de entradas y asaltos con un nivel de riesgo mínimo, pudiendo los agentes disparar sus armas con total seguridad en entornos en los que también hay otros compañeros interactuando.

Mientras se preparaban, los artificieros del núcleo EOD repasaban algunas de las cargas que traían consigo para acabarlas de acondicionar a las distintas prácticas que tendrían lugar aquella jornada. En general y para incidir en la seguridad de los participantes, se trataba de artefactos preparados con antelación en un lugar especialmente acondicionado para lo que a ellos les define y caracteriza. Algunos artefactos incluían explosivo y agua con una cuerda para poderlos colgar, otros estaban concebidos sobre la base de elementos lineales de cordón detonante con cinta adhesiva para ser fijados donde fuese oportuno, y también los había con distintas formas para poder “atacar” determinados puntos de la edificación objeto de las prácticas.

El objetivo era que los presentes y participantes viesen diferentes opciones y validasen por si mismos las capacidades de cada una de ellas en apoyo de sus actuaciones de detención más inmediatas. Tras reunirse todos, y repasar diversos aspectos relacionados con la seguridad de lo que se iba a hacer y del entorno en el que se estaban -no muy lejos de allí algunos civiles miraban con atención, o lo intentaban, para averiguar lo que estaban haciendo esos uniformados de la Policía de Glendale en una zona que quedaba fuera de su jurisdicción normal-, los artificieros avanzaron primero hacia el lugar objetivo. Nosotros lo hicimos con ellos para recibir determinadas instrucciones sobre nuestra colocación cuando ellos se moviesen con las cargas reales, garantizando así nuestra seguridad y la suya.

Aquellos especialistas miraron con detenimiento los materiales empleados en la construcción de las paredes de la casa –sobre todo paneles de madera con un revestimiento interno aislante-, dieron un repaso a la puerta y a sus elementos de fijación -bisagras y cerradura-, comprobaron el grosor de los vidrios de las ventanas y se fijaron en otros aspectos, como cuál era la distancia entre el suelo y el voladizo del tejado. Todo ese análisis previo estaba dirigido a tener una percepción más precisa del objetivo, lo que incidiría favorablemente en el cometido práctico que les había reunido allí. Incluso, avanzaron con una manta de tejido balístico hacia la zona de la puerta y practicaron la posición más idónea de ubicarse protegidos bajo ella en una posición especialmente cercana a la explosión, para así moverse con rapidez tras la deflagración hacia el interior de las distintas estancias donde se habían situado estructuras con blancos que simulaban la presencia de terroristas que debían neutralizar o abatir.

Poco después volvieron a la mesa donde se encontraban los distintos artificios y cogieron uno formado por dos elementos adhesivos de unos cuarenta centímetros y cordón detonante. Lo manipularon para fijar el cable asociado al detonador no eléctrico y verificaron que todo estaba en orden. Dos oficiales, se dirigieron hacia la puerta, retiraron el protector de la parte adhesiva y lo colocaron cerca de la cerradura. El objetivo, cortar la zona próxima a esta última para proceder a una entrada diligente al interior. Se situaron bajo la manta y avisaron al grupo que esperaba tras una esquina convenientemente preparado y con sus armas azules listas. Tras una seña al grupo con la mano comenzaron a manipular el dispositivo de activación. En unos pocos segundos se produjo la deflagración que proyectó hacia donde nos encontrábamos cámara en mano una gran cantidad de esquirlas y restos, dejando el ambiente por unos pocos segundos lleno de polvo y humo, casi sin visibilidad e irrespirable. Ellos llevaban máscaras antigás, igual que el personal de asalto. Pocos segundos después de la explosión entraba a la casa el primero de ellos, no sin antes dar una patada a la puerta que, pese a no tener ya cerradura, no se había abierto del todo. Entraron. Oímos entonces varios disparos. Silencio, más disparos y gritos: “Police, Police”. Silencio de nuevo, más disparos…

Distintas simulaciones

Dos minutos más tarde salía el grupo con un semblante bien distinto y menos tenso del que tenían cuando les vimos agrupados y preparados para el asalto dinámico. Volvieron a la posición de partida y esperaron. Fue entonces cuando, mientras un artificiero les hacía algunos comentarios, entramos en la casa. Moviéndonos por el comedor, cocina y algunas habitaciones pudimos ver varias siluetas de los terroristas. Todas ellas tenían sendos impactos en lo que aparentemente eran zonas vitales. Blancos, todos abatidos con celeridad, precisión, seguridad y efectividad.

Nos pidieron que volviéramos al lugar desde el que habíamos presenciado el asalto, el punto de seguridad. Desde allí teníamos buena visión, pero no la mejor, ya se sabe, todo lo relativo a explosivos, armas y demás es imprescindible mucha cautela para nuestra protección personal. Los especialistas cogieron esta vez una larga pieza con cinta adhesiva y la situaron cerca de las bisagras. Cerraron la puerta y la afianzaron con una estaca de madera, evitando así cualquier movimiento. Volvieron a guarecerse bajo la manta e incidieron en una segunda deflagración. Esta vez, al ser la carga más contundente, arrancaron la puerta metálica de cuajo y esta se doblo, proyectándose por la onda expansiva hacia el interior. Volvieron los policías del grupo de asalto y los disparos se sucedieron en un despliegue similar al anterior pero contando con distintos ejecutantes en lo que fue la acción de fuego propiamente dicha.

Entonces, nos indicaron que nos retiráramos un poco más. El artefacto que iban a explosionar era más grande que los anteriores y estaba encintado, por lo que no se podía ver lo que había en el interior. Preguntamos y la respuesta fue explosivo y agua, sin clarificar cual era el primero ni la cantidad de la segunda. Fijaron un elemento de anclaje adhesivo a la pared, colgaron el artefacto del anterior y unieron el cable de su detonador a un extremo del mismo, retirándose hacia un punto próximo en el que se guarecían bajo la cobertura del tejido balístico de una manta que, por su aspecto, había vivido ya mucha vida de explosiones en su proximidad. Al detonar, y por nuestra posición, pudimos ver con claridad la proyección del líquido y del humo hacia los costados. Se produjo en la pared un pequeño agujero, pues lo que querían no era derribarla y sí abrir un hueco amplio para tener el mejor acceso al interior. Inmediatamente, se movieron hacia el agujero para buscar alguno de los blancos que estaban allí y disparar sobre ellos.

Esa misma acción, la repitieron varias veces más, aunque en esos casos usando cargas distintas que producían desde unos boquetes de poco más de veinte centímetros de lado a otros mayores, variando el tamaño en función de la tipología de la carga usada y de los efectos conseguidos con cada una de las que fueron probando, distintos y acordes con los materiales que se buscaba perforar. Recordamos que eran paredes de madera no especialmente resistentes ni contundentes. Las horas pasaron y realizaron no menos de una decena de explosiones distintas, aunque algunas por su localización en un punto más alejado del nuestro no las pudimos ver ni fotografiar. Fueron abriendo agujeros en varias paredes y también volaron alguna ventana, todo para que los agentes tácticos del equipo, que en esta práctica también incluían a un pequeño grupo de recientes aspirantes que acababan de completar su SWAT School, fueran habituándose a lo que comportan todos aquellos protocolos en los que es conveniente aplicar los efectos de determinadas cargas en beneficio de una acción final.

Si la contundencia de estas prácticas quedó bien clara para nosotros y para los presentes, lo que hicieron después fue entrenarse en otro tipo de protocolo que también les puede ser necesario. Empleando una larga herramienta metálica con un elemento de corte en su parte extrema, se enfrentaron a otra particularidad de un asalto a un edificio. En este caso lo que hacían era que el portador de la anterior rompía con una serie de movimientos rápidos el vidrio de una ventana elevada y la limpiaba casi totalmente de restos que pudiesen cortar. Inmediatamente, quienes le acompañaban se proyectaban hacia ella de forma que uno empuñaba su arma corta y la disparaba contra la diana del interior y otro u otros le sujetaban para brindarle la estabilidad necesaria para que lograse ser efectivo con su acción de fuego.

La jornada fue intensa y la casa objetivo acabó sin puertas ni ventanas y con numerosos agujeros en sus paredes. El interior también presentaba los efectos propios de las numerosas acciones realizadas. De esta forma, empleando un escenario que tiene las mismas características que otros de la zona -la construcción modular de las casas es habitual en esta zona de Estados Unidos y en muchas otras del país en las que no son habituales ni tornados ni huracanes-, pudieron valorar cómo hacer frente a situaciones con rehenes, enajenados o terroristas que debieran ser neutralizados en una acción iniciada desde el exterior y que se proyectaba diligentemente hacia el interior. La contundencia de las operaciones de asalto empleando cargas explosivas requiere de entrenamientos buscando la máxima eficiencia y los que protagonizan estas páginas nos dejaron claro que sí la tienen porque se han preparado, y preparan, para ello. ¡Gracias agentes de la Policía de Glendale!.

Este artículo fue publicado en la Revista Tactical Online de Diciembre 2020.

Tactical Online Diciembre 2020 Enero 2021

GEOF, élite de la Policía argentina

Autor y fotos:        Octavio Díez Cámara

“Honor y valor para hacer cumplir la Ley” figura en un rótulo de un importante acuartelamiento de la Policía Federal Argentina (PFA) en la zona de la avenida Presidente Figueroa Alcorta de Buenos Aires. Es un espacio donde están algunas unidades montadas y que, por su ubicación, permite una rápida proyección de quienes allí tienen su sede y también, por contar con diferentes áreas urbanas y amplias zonas, realizar ejercicios especialmente dinámicos de forma discreta.

Gran actividad  

En ese entorno trabajan los que forman parte del Departamento de Grupos Especiales de Operaciones Federales (GEOF). Se trata de la Unidad antiterrorista más capacitada dentro de la estructura del Ministerio de Seguridad de la República Argentina y está encuadrada dentro de la PFA. Este Departamento cubre varios cometidos que se encuadran en llevar a cabo misiones en las que el personal policial regular pueda verse superado, por lo que se empeñan en la ejecución de acciones de prevención del delito como en las de represión o en constituir el último escalón de respuesta ante distintos tipos de situaciones de crisis que puedan atentar contra su país, las representaciones extranjeras allí acreditadas o la ciudadanía en general. Su capacidad multidisciplinar hace que al GEOF pueda alertársele para situaciones como: las tomas de rehenes de tipo planificado contra terroristas o de carácter eventual en el caso de delitos frustrados; neutralizar a sujetos hostiles parapetados y teniendo con ellos armas de fuego o explosivos; acutar en asaltos a edificios que conlleven una alta peligrosidad o una elevada complejidad; llevar a cabo allanamientos de rápida definición; participar en dispositivos de custodia de determinadas personalidades y personas VIP’s (Very Important Person); reforzar con equipos móviles tipo CAT (Counter Assault Team) o con francotiradores a la División de Custodia Presidencial que protege al mandatario que ocupe la “Casa Rosada” o para asumir aquellos cometidos especiales en las que su preparación y capacidad les haga ser diligentes y efectivos.

Su actual estructura de trabajo -según nos explicaron- emula a la del FBI  (Federal Bureau of Investigation) de los Estados Unidos -HRT (Hostage Rescue Team) en Quantico y equipos SWAT (Special Weapons And Tactics) en las unidades regionales. El Departamento GEOF suele actuar de forma coordinada con el Departamento de Unidades Tácticas del Interior (UTI) -son grupos especiales para situaciones de menor complejidad de los que tienen activos ya varios de los ocho programados- y con la División Centro de Especialidades está encuadrado dentro de lo que es la Dirección General de Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE).

El GEOF tiene como máximo representante a un Comisario Inspector y engloba a algo menos de trescientos efectivos que se reparte entre la División Administración y Logística que tiene asignado a un grupo de funcionarios muy experimentados y con muchos años de servicio adscritos a trabajos relacionados con todos aquellos aspectos de índole general -oficinas, talleres, almacenes, cursos, enlaces,…- y la División Operaciones que es la que directamente asume el cometido más táctico. Esta última, que también tiene como Jefe a un Comisario, se subdivide en cuatro secciones: la Sección Negociación e Inteligencia Táctica en la que encontramos dos grupos de negociación, la Sección de Canes Tácticos que está en proceso de consolidación con perros tipo Mallinois belgas, la Sección de Francotiradores conformada por varios equipos de tirador y observador cualificados tanto para trabajar en ambientes rurales como urbanos, y la Sección de Grupos de Asalto que es la mayor de las cuatro y tiene una entidad próxima a los cien hombres; los de esta última se reparten ente los grupos designados “Alfa”, “Bravo”, “Charly” y “Delta”, que tienen ente veinte y veinticinco policías en cada uno. Para determinados operativos pueden disgregarse en equipos de seis u ocho hombres, siendo el mínimo elemento de trabajo de dos policías. Todos ellos, tienen la capacitación que les califica como operadores generales de su especialidad policial, incluyendo algunos que han realizado formaciones concretas que les habilitan en aperturas, en el salto paracaidista tanto en la modalidad automática como en la manual o como buceadores de combate.

Al tener cuatro grupos activos, pueden tener siempre uno en alerta inmediata y al resto empeñados en temas de adiestramiento o descansando. Buscan con ello el tener la capacidad de, como ha sucedido ya en varias ocasiones, poder alertar y desplegar al menos a dos de ellos; se trata de periodos de alerta de veinticuatro horas, aunque ellos las identifican localmente como “24 por un café” porque su duración es relativa y en ocasiones se transforman en 48, 72,…, o en una semana en continuidad. Ese carácter y disponibilidad hace que, de acuerdo con el Decreto 87/2003, reciban un suplemento económico particular por “especialidad de alto riesgo”.

Formación y adiestramiento

Es usual que en las instalaciones del GEOF de Buenos Aires o en otros puntos del país se reciban a especialistas de otros países para darles algún tipo de práctica o teórica sobre distintas técnicas. Trabajan habitualmente con altas representaciones estadounidenses, como la del Comando Sur, el FBI o  la Compañía “Charlie” del 7º Grupo de Fuerzas Especiales del United States Army.

Para llegar a ser uno de sus miembros se activan con carácter anual procesos selectivos en los que se busca personal subalterno, desde agentes a cabos, y personal superior de ayudante a inspector. Se tiene en cuenta la consigna que  dice que “para ser un buen GEOF uno tiene que ser un buen policía, y para ser un buen policía uno tiene que ser una buena persona”. Los candidatos se presenta voluntarios y se les pide que tengan una experiencia de servicio mínima de dos años y que cumplan una serie de prerrequisitos.

Los seleccionados pasarán a realizar el Curso Básico para Grupos Especiales de Operaciones Federales para el que el Departamento GEOF aporta instructores. Entre ochenta y cien agentes son concentrados, en régimen de internado en el que se sigue un sistema de hostigamiento y estrés permanente, en unas instalaciones de doscientas cuarenta hectáreas conocidas como “Campo 17 de noviembre” que están en Ezeiza, a unos treinta y siete kilómetros de la Capital Federal. Son entre diecinueve y veinte intensas semanas allí en las que los instructores se encargan de la gestión de una preparación inicial que asumen todos los aspirantes a modo de iguales, independientemente de su rango. Se les instruye en muchas materias. Al final sólo suelen quedar entre un 15-20% de los que lo inician. Como colofón, y en una ceremonia final, reciben el distintivo que les acredita como cursantes de la especialidad.

No todos los que lo consigan pasan al GEOF, pues es un destino voluntario y hay personas que quieren el Curso para mejorar su curriculum. Los que sí se decidan tienen que continuar formándose por un periodo total que dura unos dos años y medio. Un año lo dedicarán, ya en sus destinos, a temas de mediana complejidad. Si superan ese periodo pasarán otro año más  asumiendo tareas de alta complejidad que incluyen las de recuperación de rehenes o las de intervención de sujetos atrincherados. Un examen continuado de su dedicación y profesionalidad les permitirá permanecer destinados en el GEOF.

Paralelamente, podrán ser capacitados en el paracaidismo militar básico, el paracaidismo militar avanzado o como jefes de salto, en el Curso de Fuerzas Especiales del Ejército o en especializaciones como los cursos de “Montes y de Sierra” o  de “Montaraz” de la Gendarmería. Tienen que prepararse y realizar una calificación semestral en temas de puntería de combate enmarcadas en tareas críticas y de estrés. Cada día practican operativos de CQC (Close Quarter Combat) y una vez por semana los desarrollan con fuego real. Bimestralmente tienen que superar unas pruebas de buceo y de natación de combate, siendo obligatorio que realicen un salto en automático al menos cada tres meses y uno manual cada dos.

Alguno puede formarse en una o en varias de las distintas especialidades que les mencionamos: la que llaman “brechero” y les capacita, durante tres exigentes semanas, para aperturas convencionales y no convencionales con elementos mecánicos -arietes, palancas, mazas,…-, balísticos -escopetas- y explosivos; el Curso “Sniper” que dura seis semanas y habilita en las técnicas y acciones propias de tiradores y observadores, ejercitándose sobre todo en temas de movimiento, camuflaje, empleo de rifles de precisión o uso de visores de observación; el Curso Grupo de Apoyo Táctico (GAT), dos semanas en las que se les enseñan técnicas de organización y ejecución actuando como grupo de apoyo táctico en custodia de dignatarios, traslado de detenidos o movimiento de determinadas sustancias o materiales, o el Curso de Negociador Policial que dura cuatro semanas y adiestra a distinto personal en el manejo y desarrollo de una negociación ante situaciones de crisis.

Dilatado historial

El GEOF nació con la voluntad de tener una capacidad de respuesta en el interior del país. Desde el punto de vista histórico, el GEOF, a diferencia de otros grupos especiales de policías de otros países, no surgió al haberse producido ya un hecho determinado.

Por el contrario, dentro de la PFA, es el resultado definitivo de dos vertientes claramente definidas. Una la encontramos en lo que podríamos llamar como grupos de carácter especial dentro del Cuerpo Guardia de Infantería (CGI) que en 1910 se incorporó a la orgánica de la Policía de la Capital Federal. En su seno surgieron elementos como los Grupos de Allanamiento que actuaron contra grupos de anarquistas o delincuentes particularmente peligrosos en la década de los treinta del siglo pasado, los Grupos de Reducción de Dementes que actuaban contra personas víctimas de alguna enfermedad mental que buscaban auto agredirse o hacerlo a terceros, o los Grupos Especiales que se formaron en 1975 aglutinando a los dos anteriores. La otra vertiente sería la que, a partir de 1978, se generó al constituir el Centro de Adiestramiento Policial Especial (CAPE), una institución lectiva donde se desarrollaron cursos proporcionados por miembros del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional española o del entonces Grupo Antiterrorista Rural (GAR) de la Guardia Civil.

Todas esas experiencias anteriores pueden considerarse como un precedente al nacimiento del GEOF. Fue en 1994, ahora hace un cuarto de siglo, cuando se encomendó al Superintendente de Interior Ángel Juan Antonio Ramírez, que ya había realizado algunos cursos con el SWAT de Miami, la creación de una Unidad de Operaciones Especiales autónoma para actuar, dentro del la PFA, en todo el país. El análisis de los índices de delitos y estudios geopolíticos llevó a constituir en 1995 la Sección GEOF en Tucumán, evaluando a cuarenta y cinco suboficiales para seleccionar a veintiocho que realizarían su entrenamiento en destino durante seis meses. Paralelamente, personal del CGI y de la Escuela Federal de Policía, realizaban el primer Curso GEOF para oficiales, una preparación que lograron aprobar nueve de diecinueve postulantes. En 1996 se creó en Rosario (provincia de Santa Fe) la 2ª Sección GEOF que se organizó con los veinticuatro agentes que aprobaron de un total de sesenta y seis voluntarios. Ese mismo año tuvo lugar el primer Curso mixto de Oficiales y Suboficiales, y en 1997 se constituyó la Sección Buenos Aires, quedando dividida la capacidad del GEOF en tres secciones.

A finales de 1999 se fusionaron en la División GEOF. En 2014 la División pasó a tener mayor rango y adopta el nivel de Departamento. En los veinticinco años de historia del Grupo argentino al que dedicamos estas páginas ha participado en numerosos incidentes que incluyen casi medio centenar de incidentes de toma de rehenes, veintidós de personas parapetadas y cientos de otros servicios que han derivado en su despliegue para poner fin a incidentes graves, detener a delincuentes especialmente peligrosos o proteger la vida de determinadas personas. El cabo Ábalos, tirador de precisión, perdió la vida en un enfrentamiento armado con delincuentes que lo asaltaron al llegar a su casa.

Este artículo fué publicado en el número de la Revista Tactical Online Enero 2020

Tactical Online Enero 2020

La Guardia Costiera italiana, más que vigilancia de costas

Texto y fotografías:  Octavio Díez Cámara

Hoy los titulares de las televisiones de todo el mundo se centran en un tema especialmente candente: el coronavirus. Hace pocos meses era la cuestión de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y poco antes el flujo de inmigrantes indocumentados procedentes de distintos países africanos y asiáticos que se movían en todo tipo de embarcaciones desde las costas norteafricanas y de Oriente Medio hacia las europeas.

Sin dejar de banda que el problema migratorio sigue siendo uno de los retos más relevantes que, a medio y largo plazo, van a definir muchas decisiones en la política de la Unión Europea (UE), porque se trata de personas que en muchos casos llegan en unas condiciones límite y después de haber sido maltratados por otros o por mafias, lo que esta claro es que la llegada de inmigrantes no regulada es una situación a la que hacer frente. No valen los “buenismos” con los que determinados líderes políticos han intentado soslayar la problemática en naciones como España y sí una serie de actuaciones -mejor coordinadas- en las que los esfuerzos vayan dirigidos a controlar, encauzar o reducir los efectos de la situación. En Italia han sido determinantes a la hora de dejar acceder a sus puertos a esos colectivos de inmigrantes no legales y lo han hecho gracias a que desde hace años han desplegado una serie de organizaciones de carácter militar y policial que, con un gran despliegue de navíos y aeronaves, buscan el mejor control de lo que son las aguas jurisdiccionales del país y poder actuar, de forma diligente, en tareas como las de vigilancia, salvamento, recuperación de náufragos, patrullaje y otras más; es fácil, cuando uno recorre alguna zona portuaria italiana encontrarse atracados, junto a navíos comerciales o de recreo, flotas significativas de patrulleras de distinto porte y desplazamiento.

Gran capacidad

Buena parte de las mismas, que se suelen mover por mares como el Mediterráneo, Adriático, Jónico o Tirreno y también en lagos como el Maggiore o el Di Garda, pertenecen a la organización a la que vamos a dedicar estas páginas: la Guardia Costera o, como allí la designan, Guardia Costiera. Opera con una gran cantidad de recursos que, como verá el lector en los párrafos siguientes, los convierten en una organización especializada en la vigilancia de las aguas y de la zona litoral, siendo un factor que les define su capacidad para actuar como servicio integral de guardacostas.

Incidiendo más en lo que en la actualidad son les podemos concretar que se trata de una estructura que hereda hoy lo que realizaban, siguiendo lo que establecía el Real Decreto de 20 de julio de 1865, las capitanías portuarias –Capitanerie di porto– para la vigilancia de las actividades marítimas y de otras que se desarrollan en puertos.

Son hoy un Cuerpo especializado dentro de la Marina de Guerra de Italia, la Marina Militare. Pese a esa adscripción que podríamos caracterizar de bélica, y tal como queda patente en su página web pública, tiene también, en lo que son sus competencias civiles, una dependencia organizativa y funcional del Ministerio de las Infraestructuras y del Transporte. Así mismo, mantiene para el caso de que tenga que recurrirse a ellos para resolver catástrofes de todo tipo una segunda dependencia que les liga con los responsables de los ministerios de Medioambiente y de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales.

Lo expuesto, en lo que a pluralidad de órganos para los que pueden tener que trabajar se refiere, les habilita para asumir una serie de competencias que, en primera instancia, definen su carácter. Esas funciones se recogen en el Códice del Ordenamiento Militar que se describe en el Decreto Legislativo de 15 de marzo de 2010, y son ellos los que actúan, dentro del ámbito naval, como Policía Técnico-Administrativa, Judicial y de Control Ambiental.

Entre otros cometidos, actuarán para la salvaguarda de la vida humana en el mar, la seguridad de la navegación y del transporte marítima, la tutela del ambiente marino y de sus ecosistemas, la conducción de las naves mercantes que hagan escala en sus puertos, la vigilancia e inspecciones de los buques -mercantes, de pesca o deportivos- moviéndose por sus aguas jurisdiccionales, la ejecución de cometidos propios a la Policía Marítima, el rescate en el mar (SAR, Search And Rescue), la vigilancia de las actividades de los deportes náuticos, el seguimiento de las actividades pesqueras,…, o velar porque los recursos que extraen estas últimas lleguen a los consumidores en el mejor estado.

Para sus actuaciones en el medio acuático están provistos con un número notable de navíos, pues cuentan con unas 600 embarcaciones de distintas características que operan desde un centenar de instalaciones de territorio continental o de las islas. Dentro de la llamada componente de altura están las cuatro unidades Clase 900 o “Fiorillo” construidas a principios de siglo y caracterizadas por una velocidad punta de treinta y dos nudos y una autonomía de cerca de mil millas; dos tipo “Dattilo” de tipo multirol (OPV, Off-shore Patrol Vessel) de los que el primero -CP 940- entró en servicio en septiembre de 2013 y destacan por sus noventa y cuatro metros de eslora y tres mil seiscientas toneladas de desplazamiento, y veintiséis de las clases 200 y 200/S que se caracterizan por un casco de aluminio que mide 25 m y una configuración tipo AV (Altura Veloce) que las hace especialmente versátiles.

Otro núcleo, con unos setenta navíos, está más especializado en cometidos de búsqueda y rescate, los designados SAR. El grupo incluye veintidós que son de la Clase 300 o “Almiraglio Francese” con casi diecinueve metros de eslora y un flotador que recorre la parte superior de su casco que los hace especialmente resistentes ante vuelcos accidentales; doce de la Clase 600 provistos con un casco de resina de vidrio y una configuración de motor intraborda que les capacita para velocidades punta de cuarenta y tres nudos, y nada menos que noventa y tres ejemplares de la Clase 800 que aglutina varios subtipos.

Las lanchas asignadas a la componente costera son las más compactas de toda la flota e incluyen sesenta y nueve de la Clase 500 que sólo requieren de tres tripulantes y fueron construidas en varios lotes y en diferentes astilleros de Venecia, Gaeta o Taranto; doce de la Clase 700 en las que prima una configuración de casco de resina de vidrio y una planta formada por dos motores Volvo que rinden 330 caballos y las impulsan a cuarenta nudos; doce de la Clase 760 que son una evolución de las anteriores con motores aún más potentes y un casco algo menos eficiente en lo que es su velocidad punta, y cuarenta y cuatro de la Clase 2000 que se corresponden con un diseño Keith Nelson que ha evolucionado a la vez que se iban ordenando los diversos lotes que forman su tipo, siendo las últimas fabricadas en 2008. Junto a las reseñadas se encuentra el componente dedicado a vigilancia pesquera: el “Gregoretti” -el CP 920 de 2014- especializado en cometidos de apoyo y caracterizado por una autonomía cercana a las diez mil millas, cinco buques Clase 400 diferentes en cuanto a su configuración técnico operativa, y veinticuatro lanchas rápidas de la Clase 713 que entraron en servicio en los primeros años de la pasada década y destacan por ser capaces de moverse a velocidades superiores a los cuarenta nudos.

Formando lo que sería el componente litoral hay cincuenta y seis unidades Tipo A que se corresponden con las potentes lanchas Zodiac tipo “Hurricane” de casi diez metros de eslora e impulsión por motores fueraborda, noventa y una tipo B que son algo más compactas que las anteriores y tienen un origen netamente comercial, y ochenta y nueve tipo C que son lanchas multipropósito asignadas a cometidos de vigilancia en época estival y vigilancia de las zonas costeras y de baño. Junto a todos esos grupos opera la componente logística y auxiliar en la que se encuentran tres Clase 450 -especializadas en actuaciones de ambulancia entre las islas menores de la Campania que es un área próxima a Nápoles donde las condiciones del estado del mar pueden ser especialmente adversas en determinados momentos- y diecinueve unidades Tipo L en la que se engloban diferentes tipos de lanchas, algunas con casco de madera, que no pueden ser agrupadas en subtipos concretos. Resaltar el que en los últimos años se ha hecho un importante esfuerzo económico para asumir diferentes programas que han derivado en una adecuada potenciación de lo que es el componente naval de este Cuerpo, actuación impulsada ya por la Ley de 30 de noviembre de 1998 y otras posteriores que han permitido adquirir nuevos navíos.

Más detalles

La Guardia Costera italiana opera con otros recursos. Uno se engloba en la Unidad de Medios Aéreos que, de acuerdo con lo apuntado en la Ley 979/82, está a disposición de la defensa del mar. Comenzó a organizarse en 1988 con la incorporación de cuatro aviones Piaggio P-166 DL3 “Orca” en la versión SEM (Sorveglianza Ecologica Marittima) de vigilancia ecológica y marítima, aunque ha evolucionado mucho en estas últimas tres décadas con distintos modelos de aviones y helicópteros. Dentro de los de este último tipo operan con catorce de  los novedosos Agusta Westland 139 CP “Nemo”. Entre los de ala fija, vuelan un Piaggio 180 “Avanti” II asignado a operaciones de patrulla de medio radio de acción y tres bimotores ATR-42MP -uno de la serie 420 y dos del tipo 500 “Manta”- que les capacitan para vigilancias a distancias medias y largas.

Esos medios están asignados al 1er Núcleo Aéreo de la Guardia Costera (NAGC) que trabaja bajo la dependencia de la Dirección Marítima de Génova y despliega en Sarzana-Luni (La Spezia), al 2º NAGC asentado en una Base de Catania y al 3er NAGC de Pescara-Fontanelle para poder cubrir la zona del Adriático. Complementariamente, es importante señalar que para que se lleven a cabo los cometidos que les son propioss se apoyan en una serie de tecnologías novedosas que incluyen al sistema VTS (Vessel Traffic Service) que comprende una serie de transponedores en los navíos para que a través de enlaces por satélite y comunicaciones en VHF (Very High Frequency) estén monitorizados en continuidad y se pueda saber donde se encuentran en todo momento. Forma parte de la Red AIS (Automatic Identification System) que centraliza las informaciones recibidas y otras que consiguen gracias al sistema móvil y fijo que comprende estaciones radar PMC (Postazione Mobile Carrata), situadas en camiones 4×4 para poderlas llevar a donde se necesite, y estaciones fijas, también equipadas con radares y otros sensores. 

La actividad que les ha sido asignada requiere de unos medios humanos  especialmente amplios y llaman mucho la atención por su novedad, número o capacidades. Son unos once mil los hombres y mujeres -oficiales, suboficiales, graduados y militares de tropa- asignados en la actualidad a una estructura orgánica establecida para poder desarrollar su actividad en las costas de todo el territorio insular y peninsular italiano. Lo hacen a través de quince direcciones marítimas (DIREZIONEMARE, Direzioni Marittime) que atienden a otros tantos centros secundarios de socorro (MRSC, Maritime Rescue Sub Centre) que cubren cometidos SAR en esas mismas áreas, cincuenta y cinco capitanías portuarias (COMPAMARE, Compartimenti Marittimi-Capitanerie di Porto), cincuenta y una oficinas marítimas (CIRCOMARE, Uffici Circondariali Marittimi), ciento veintiocho oficios marítimos locales (LOCAMARE, Uffici Locali Marittimi) y sesenta y una delegaciones (DELEMARE, Delegazioni di Spiaggia), que hace que tengan representaciones en las poblaciones más pequeñas o en las ciudades más grandes, destacando por su amplitud aquellos que despliegan en Catania, Nápoles o Messina.

Ese amplio despliegue estructural está coordinado y dirigido desde un Mando General (MARICOGECAP, Comando Generale del Corpo delle Capitanerie di Porto) localizado en Roma. Tiene como máximo responsable a un Comandante General.

Para acabar, decirles que los medios materiales operados por la Guardia Costiera italiana son especialmente amplios en número y los podemos calificar, tras haber analizado su entidad de forma somera, como especialmente adaptados para lo que de ellos se demanda y ofrecer a la ciudadanía una rápida respuesta ante determinados sucesos, incidentes o accidentes. Las unidades  navales y aéreas apuntadas son complementadas con motos de agua como las L20 para dos personas, turismos tipo Fiat “Panda” para los desplazamientos entre los locales y los navíos, y una flota de vehículos de todo tipo que suma novecientos ejemplares de tipología especialmente variada. Algunos, así cono naves, pueden operar junto a unidades de buceadores propias -los Nuclei Subacquei– de las que, organizados sobre la base de un núcleo profesional que incluye cinco enfermeros especializados en fisiopatologías propias del entorno submarino y cincuenta y siete buzos, se mantienen activos tres en Messina, Cagliari y     Génova.

Este artículo fué publicado en el número de la Revista Táctical Online Marzo 2020.

Tactical Online Marzo 2020

FRANCIA, SUS RECURSOS TÁCTICOS POLICIALES

Autor : Octavio Díez Cámara Fotos:  Octavio Díez Cámara, Ministerie d’Interieur, SIRPA Gendarmerie, Service Media, Prefecture de Police de París y BE Meyers

La noche del día 13 de noviembre tuvo lugar un ataque coordinado por parte de varios terroristas en la sala de conciertos Bataclán y en varios lugares con público de la zona que acabaron con ciento treinta muertos y más de trescientos cincuenta heridos, la acción más grave realizada sobre civiles en Europa desde las bombas en los trenes españoles de marzo de 2004.

Ese incidente, azotó París, la capital francesa. Allí, ya habían tenido lugar otros ataques recientes sobre la plantilla del periódico satírico Charlie Hebdo y en un supermercado de Porte de Vicennes. Quienes protagonizaron esos hechos son terroristas actuando sin control y, aparentemente, con el objetivo de causar daño, dolor y que la percepción occidental se vea de una forma u otra resentida.

Respuesta policial

La obtención de la Inteligencia más precisa sobre los movimientos de personas, grupos o de los llamados “lobos solitarios” figura entre las máximas prioridades de los gobiernos europeos y de los servicios de seguridad que para ellos trabajan. Siguen movimientos, captan conversaciones, mantienen informadores,…, medidas que buscan tener “ojos y oídos” para avanzarse a posibles ataques y neutralizarlos antes de que se lleguen a plantear.

Complementariamente, se han realizado en los últimos años otras actuaciones de carácter más ofensivo en las que nos vamos a detener en estas páginas. Les presentaremos cual es la capacidad táctica policial que Francia tiene en la actualidad para intervenir, de forma diligente y quirúrgica, en casos de secuestros graves, de atentados terroristas y de otro tipo de incidentes que requieran del uso de la llamada capacidad de asalto policial. El trabajo de refuerzo no es reciente, pues ya en 2010 se decidió constituir a la Unidad de Coordinación de las Fuerzas de Intervención (UCOFI) en el seno del Ministerio del Interior, núcleo que tiene como máximos responsables a un general de la Gendarmería y un Comisario de la Policía; de esa misma época es otra estructura operacional a la que se conoce como Fuerza de Intervención de la PN (FIPN, Force d’Intervention de la Police Nationale) que es una estructura operacional que actúa como órgano de coordinación de las diferentes capacidades de asalto aportadas por grupos como el RAID, el GIPN y la BRI-BAC.

Hoy, tras decidirse su implantación en los primeros meses de 2016 y realizar los consecuentes cambios orgánicos, de adiestramiento y de equipamiento, hay un esquema de carácter nacional para que las fuerzas de Seguridad puedan intervenir de forma capaz y precisa. Aglutina el potencial de la Gendarmerie Nationale, la Police Nationale y la Préfecture de Police parisina. Si nos atendemos a los datos oficiales difundidos por el Ministro del Interior Bernard Cazeneuve en 2016, cuentan con nada menos que 29 Unidades de Intervención de alta especialización -tenían 22 y han activado 7 más- que están reforzadas por Unidades de Intervención intermedias que son unas 750 -son unidades de proximidad que trabajan con el concepto “primo-intervention” y están conformadas de manera especial por pelotones BAC de la Policía y pelotones PSIG Sabre de la Gendarmería- y se reparten por todo el territorio galo, incluidas sus islas y territorio de ultramar. Trabajan siguiendo unos procedimientos que suman capacidades y se basan en la modularidad y complementariedad que permite a una unidad aprovechar medios de otra y ser reforzada si la crisis así lo determinen.

Paralelamente, se activaron presupuestos extraordinarios que garantizaron la consecución de los objetivos planteados en todo el ambicioso plan táctico policial de Francia y se tomó la interesante decisión de racionalizar la estructura de decisión y de conducción de las operaciones de forma que todas las fuerzas de intervención están bajo la dependencia de un único Jefe en el caso de ser activadas y que se define la figura del coordinador único designado para responder en caso de ataques múltiples en una misma área, garantizándose así dispositivos policiales más fluidos y con mayor capacidad reactiva y de garantía en la coherencia de las tácticas operativas que se decida desarrollar.

Significar que en todo caso prima lo que se conoce como protocolo PUA (Procédure d’Urgence Absolute) que asegura la mejor eficacia en situaciones de extrema gravedad, por lo que se ha decidido aplicarlo de forma sistemática cuando sea oportuno ante ese tipo de crisis; según se define en el mismo le corresponderá intervenir a aquella unidad que esté más próxima, independientemente de que sea su competencia territorial u otros factores no estrictamente relacionados con el deseo primordial de salvaguardar la vida de las personas afectadas por un hipotético ataque.

Una parte significativa de esas capacidades lo aporta la Gendarmerie que focaliza en especial sus fuerzas y capacidades hacia el medio rural y a ellos les corresponde también intervenir en los aeropuertos. En su seno se encuentra el GIGN (Groupe d’Intervention de la Gendarmerie Nationale) que, ubicado en la Base de Satory, totaliza hoy más de cuatrocientos efectivos en su plantilla. Aporta un potencial de respuesta que, abarcando todo el país, pueda garantizar el disponer con cierta rapidez de un núcleo especialmente potente, equipado y adiestrado con el que intentar zanjar un determinado problema que se pueda concretar. Se estableció que tienen que tener capacidad para movilizar equipos en un plazo de entre 15 y 30 minutos después de recibir una alerta, tanto de día como de noche y durante los 365 días del año.

Decirles que el GIGN es el principal grupo francés, el más experimentado y el que tiene más efectivos. Sobre todo actúan en caso de intervenciones en buques o aviones, en tomas de rehenes por parte de grupos terroristas en el extranjero o en ataques terroristas de carácter NBQ (Nuclear, Bacteriológico y Químico). Reforzando a ese Grupo se ha decidido crear una estructura complementaria en la que se han aprovechado las capacidades de los llamados PI2G (Pelotons d’Intervention Interrrégionaux de Gendarmerie Mobile). Se han transformado, equipado y formado para dar lugar a lo que ahora se conoce como antennes GIGN (AGIGN), fuerzas de carácter intermedio de las que se han conseguido organizar, tras crear nuevas, un total de trece de las que seis despliegan en territorio metropolitano -Toulouse, Oranje, Dijon, Nantes, Reims y Tours- y siete en territorio de ultramar -Guadalupe, Martinica, Guyana, La Reunión, Nueva Caledonia, la Polinesia Francesa y Mayotte-. Las AGIGN tienen que tener capacidad de salir para un servicio en menos de treinta minutos y para ello están configuradas por una estructura que incluye en el caso de las metropolitanas unos cincuenta efectivos y unos treinta y cinco en las de ultramar.

Distintas capacidades

Otro elemento, poco conocido porque sus cometidos reales no suelen ser difundidos más allá de las fronteras alas, es el llamado RAID (Recherche, Assistance, Intervention, Disuasión) que es el más famoso y consolidado de los de su tipo dentro de la Police Nationale. Se le constituyó en 1985, destacando que ha ido evolucionando en lo que a funcionarios se refiere pues en el inicio se contaba con ochenta y cinco que pasaron en 2002 a ser ciento siete y a ser sobre ciento setenta en la actualidad. El incremento de personal se debe al cambio en la percepción de la amenaza o al deseo de darles competencias como las de apoyo a los servicios de investigación y a los judiciales que trabajan en el ámbito antiterrorista o a incluir en su seno una célula con capacidad de gestión de crisis y de negociación. Operativamente hablando, en su seno hay organizados cuatro núcleos de intervención y con treinta de sus efectivos. Con parte de ellos se pueden constituir las llamadas célula “Omega” que desplegarían en diversos actos llevando armas de diferente calibre y alto potencial neutralizador; su territorio de actuación preferente es la periferia parisina o el Eurotúnel que une Francia con Gran Bretaña.

Al RAID, que usualmente trabaja en 21 distritos próximos a París, lo complementaban los llamados Grupos de Intervención de la PN (GIPN, Groupes d’Intervention de la Police Nationale), que están encuadrados desde 2013 en una estructura común que hace que puedan reforzarse de forma mutua. En la actualidad, tras decidirse no hace mucho crear tres nuevas ARAID -A por antenne-, son una decena, están cubiertas por unos doscientos efectivos y se reparten en ciudades como Bordeaux, Lille, Lyon, Marsella, Niza, Rennes, Estrasburgo, Toulouse, Montpellier y Nancy. Asumen cometidos como las tomas de rehenes, la neutralización de aquellos que se hayan hecho fuertes en un espacio concreto, los motines en las prisiones o la detención de individuos especialmente peligrosos.

Comentar que, en general, la PN focaliza más sus actuaciones en el medio urbano, las ciudades, y de aquellas intervenciones de asalto que tengan como escenario las estaciones de ferrocarril. Queda manifiestamente más claro que las situaciones más peculiares y que requieran del empleo de técnicas particulares más elaboradas serían asumidas por los gendarmes.

Dentro de la estructura que responde a la intervención más especializada hay un recurso adicional. Es la que se conoce como Brigada de Búsqueda e Intervención (BRI, Brigade de Recherche et d’Intervention) que es heredera de la llamada SRI (Section de Recherche et d’Intervention) que se creó el 22 de septiembre de 1964, optando por el nombre de BRI en 1967. Esta última, que hoy tiene sobre medio centenar de agentes tácticos encuadrados en su estructura, está adscrita a la Prefecture de Police de la capital francesa,  ubicación de la que se deriva su actuación preferentemente en París.

Se la puede reforzar con personal de otros servicios, como núcleos de Policía Judicial, para así configurar la BAC (Brigade Anti-Commando) que ha participado diligentemente en los atentados terroristas de los últimos años y de la que oficialmente ha difundido engloba a unos setenta hombres, aunque puede ser una cifra superior la que realmente tengan; en la BRI-BAC se encuadra personal de cinco especializaciones: negociación, robos con violencia, escalada, tiro de alta precisión (THP, Tireur de Haute Précision) e intervención en situaciones NBRQ (Nuclear, Biológico, Radiológico y Químico). Algunos están cualificados para controlar “drones” en cometidos de vigilancia, para trabajar con perros especialmente adiestrados, o para portar escudos de protección antibala -en uno usado en el asalto a la sala Bataclán pueden contabilizarse 27 impactos de balas, muchas de ellas del 7,62x39mm de los “Kalashnikov” de los terroristas- con los que cubrir los avances de sus compañeros. Se recurre a ellos en especial para dispositivos de traslados de personas especialmente peligrosos o cuando hay que actuar en París contra cualquier rama del terrorismo. Su formación y selección es muy exigente, y sólo 4 o 5 candidatos de cada cien que se presentan a las pruebas de búsqueda de nuevo personal son admitidos.

Para acabar, apuntar que dentro de la estructura de la Police Nationale, en la que se encuadra la BRI-BAC, se mantienen otras BRI’s para responder a situaciones que así lo requieren, por lo que su despliegue por todo el territorio francés es usual y se podría recurrir a ellas si la situación crítica es especialmente grave y no hay otros recursos a mano. Son parte de la capacidad que combate el crimen y se encarga de detener o neutralizar a los criminales más violentos, por lo cual suelen trabajar de incognito y sin prendas de uniformidad que delaten su presencia. Además de la parisina, hay dos BRI con capacidad de actuación a nivel de todo el país -la BRI-NAT de Nanterre y la BRI-FN focalizada en temas financieros- y otras más de tipo regional e independientes entre sí ubicadas en Lyon, Marsella, Niza, Montpellier, Nantes, Rouer, Lille, Versalles, Orleans y otros emplazamientos de Francia.

Como colofón, y así lo habrá podido ver el lector de este artículo informativo genérico, decirles que la capacidad táctica francesa ha mejorado mucho en los últimos tiempos, por lo que incluso podría haber alguna capacidad adicional a las reseñadas que son fruto de informaciones oficiales obtenidas por canales abiertos. Se ha reforzado su capacidad antibala con cascos y chalecos, su potencia de fuego con armas de gran poder neutralizador y hasta han sido provistos con vehículos blindados 4×4 y 6×6 que aseguran un potencial distinto, estructurado y eficiente. Francia, como suele ser habitual, ha dedicado recursos a un problema y ahora están en una mucha mejor disposición para hacer frente a aquellos sucesos protagonizados por terroristas o enajenados que puedan surgir hoy, mañana o en el futuro.

Este artículo se publicó en el número de la Revista Tactical Online Mayo 2020.

Tactical Online Mayo 2020

EL SHERIFF DE LOS ANGELES

Autor: Octavio Díez Cámara Fotografía: Octavio Díez Cámara, LASD

Es muy conocida por todos, y seguramente a ello ha ayudado mucho la filmografía surgida de la potente industria asentada en la conocida Hollywood, la casuística policial que define a la populosa ciudad estadounidense de Los Ángeles.

En el control de la delincuencia y de aquellos que ocasionalmente infringen la Ley conocemos bastante bien el papel que juega el Departamento de Policía de la ciudad, el conocido como LAPD (Los Angeles Police Department). Menos difundida, aunque no menos relevante, es la asignación de cometidos que se le dan a otra importante organización que allí realiza sus funciones, cubriendo además de la ciudad a otras zonas adyacentes que conforman su Condado.

A ese elemento policial, el Departamento del Sheriff de Los Ángeles (LASD, Los Angeles Sheriff Department), que conozco bien al haber compartido con algunas de sus organizaciones distintas visitas y actividades profesionales, vamos a dedicar este reportaje que pretende darles una información genérica de lo que es y le caracteriza.

Antes de avanzar en lo que son estos últimos aspectos, comentarles que el Condado de Los Ángeles es el más poblado de los Estados Unidos e incorpora nada menos que ochenta y ocho ciudades junto a otras áreas no metropolitanas. En ese espacio, que cubre unos 10.570 kilómetros cuadrados -es el área terrestre a la que hay que añadir otros casi mil ochocientos más de zona marítimo/costera- y es más extenso que algunos estados, vive la cuarta parte de los californianos, algo más de diez millones de personas.

Departamento modélico

Dar servicios de Policía a una cantidad tan enorme de habitantes no es una tarea fácil y sí un cometido especialmente exigente. Para aportar los recursos humanos necesarios en esa ingente labor, el LASD, que desde diciembre de 2018 dirige el Sheriff Alex Villanueva nacido en 1963 en la populosa Chicago, se cuenta con una estructura en la que trabajan cerca de dieciocho mil hombres y mujeres que conforman la cuarta agencia policial local más grande de todo el país. Junto a unos diez mil uniformados, que son oficiales graduados en una Escuela propia establecida al efecto de preparar a los recién llegados e incidir en el adiestramiento continuado de los diferentes colectivos profesionales, encontramos a casi ocho mil profesionales contratados para realizar desde tareas administrativas a diferentes servicios de apoyo. Están reforzados por otros cuatro mil doscientos civiles que actúan de forma voluntaria y un millar adicional de personas encuadradas tanto en la reserva como en el colectivo de exploradores.

Cubren sus misiones en beneficio preferente de tres millones de personas que viven en las zonas más rurales o en el marco de cuarenta y dos ciudades de ese entorno en donde desarrollan su actividad, pues el resto de núcleos urbanos del Condado de Los Ángeles se ha decantado por organizar y mantener sus propios recursos policiales. Ellos son los encargados, después de materializar acuerdos contractuales concretos, de vigilar y dar Seguridad a buena parte de la red de trenes y autobuses que velan por el transporte colectivo comunitario y a determinados campus de instituciones lectivas de la zona.

El LASD opera con unos recursos muy importantes, que van desde cabezas tractoras que mueven remolques de gran magnitud habilitados para labores de Coordinación y Puesto de Mando móvil a la tecnología de los drones ahora tan en boga, con los que apoya la actividad general de sus uniformados. Son recursos caros y para mantener operativa la estructura se trabaja con unos presupuestos importantes que han ido creciendo en los últimos años y que para el periodo fiscal de 2020 a 2021 incluían partidas que sólo en gastos directos e indirectos del personal se aproximaban en las últimas previsiones conocidas a los 5.000 millones de dólares. Ese monto permitiría mantener la gran actividad que les caracteriza y permite mantener organizadas y trabajando distintas estaciones en la zona norte -Lancaster, Malibu/Lost Hills, Palmdale, Santa Clarita y West Hollywood-, la zona centro -Avalon, Century, Compton, East Los Angeles, Marina del Rey y South Los Angeles-, la zona sur -Carson, Lakewood, Lomita, Norwalk y Pico Rivera- y la zona Este -Altadena, Crescenta Valley, Industry, San Dimas, Temple y Walnut-.

Siendo más detallistas, decirles que la estructura que dirige el Sheriff Villanueva, incluye elementos como su oficina personal con diecisiete personas, el Departamento de Prensa donde trabajan cuarenta y ocho especialistas en información, la División de Estándares Profesionales con doscientos setenta y tres efectivos, la División de Servicios Administrativos que aglutina el esfuerzo de setecientas ochenta y ocho personas, o el Mando de Personal en el que trabaja una cifra de ochocientos cincuenta y dos hombres y mujeres.

Coordinados por el Vice Sheriff -éste auxiliado por un núcleo de ocho colaboradores directos- están los núcleos más específicos del LASD. Son tres. Uno la Oficina del Sheriff Asistente para Operaciones de Custodia que tiene una plantilla de cinco mil seiscientos treinta oficiales repartidos entre la División General de Servicios de Custodia, la División de Programas Especializados de Servicios de Custodia y la Administración de Servicios de Custodia. El Segundo es la Oficina del Sheriff Asistente para Operaciones de Patrulla, con tres mil seiscientos treinta y dos agentes que despliegan en cuatro divisiones que trabajan en las estaciones de otras tantas zonas que antes les hemos reseñado y que cuentan con un capitán como máximo responsable de ellas.

Por su parte, el tercero, la Oficina del Sheriff Asistente para Operaciones en el Condado agrupa el esfuerzo de los mil ciento treinta y tres agentes de la División de Tecnología y Apoyo que cuenta con los Departamentos de Servicios Científicos, de Datos y Sistemas, de Identificación o de Comunicaciones; los novecientos setenta y tres de la División de Detectives con núcleos especializados en la seguridad de las calles, el fraude, los ciber crímenes, los homicidios, narcóticos, el tráfico humano, las víctimas especiales o el robo de vehículos; los dos mil ochenta y cuatro de la División de Servicios de la Corte que trabajan tanto en los transportes como en las instalaciones de la Judicatura; los mil doscientos cuarenta y cinco asignados a la División de Servicios en el Condado, y los nada menos que seiscientos ochenta y dos adscritos a la División de Operaciones Especiales.

Capacidad táctica

Dentro de ésta última, que es muy importante por los recursos humanos y técnicos que maneja, encontramos a personal que vigila en los medios de transporte, a aquellos preparados para responder a situaciones de emergencia, y diversos núcleos de élite formados por personal que ha recibido un adiestramiento y una formación bien distinta de la que caracteriza a los uniformados que realizan su actividad cotidiana en las calles o en las zonas de patrulla. Uno de los colectivos es el designado como Rescate Aéreo, núcleo que lleva bastantes años operando con aparatos de tamaño grande que hasta no hace mucho eran los del tipo H-3 “Sea King” y han sido sustituidos por los AS-332 “Super Puma”, siendo ambos plataformas grandes en las que pueden llevarse unos veinte efectivos o desplegarse sistemas potentes que faciliten operaciones como las de rescate en la zona montañosa que queda bajo su responsabilidad. Complementándolos tienen asignados unos quince más pequeños que comprenden sobre todo plataformas AS350 “Ecureil” muy compactos, ágiles y económicos de operar por su configuración ligera y monomotor. Vuelan en cometidos que van desde los cotidianos de vigilancia y los propios del rescate, en los que Air Rescue 5, como se les conoce, despliegan a los paramédicos tácticos del Sheriff; también asumen aquellos más tácticos en los que son un recurso de apoyo básico para otro de los elementos de élite del LASD.

Nos referimos a la unidad táctica que ellos designan con las siglas SEB (Special Enforcement Bureau), organización con un dilatado historial que incluye curiosidades como el que fueron uno de los primeros grupos de su país en experimentar con el empleo de armas no letales y aprovechar su potencial en beneficio de las actividades propias del LASD. Se trata de un núcleo especialmente amplio, que tiene una entidad superior al medio centenar de efectivos, en el que encontramos tanto grupos preparados para involucrarse directamente en los cometidos más clásicos del asalto policial, tarea propia del SWT (Special Weapons Team) que hace poco decidió mejorar sus subfusiles MP5 con visores compactos de punto rojo Aimpoint “Micro” que son de lo mejor en su segmento de producto, como otros que trabajan con perros especialmente adiestrados, los que conducen y manejan vehículos blindados de ruedas de gran capacidad de detención de impactos -a los clásicos Lenco añaden otros en los que sobresale una amplia zona de carga posterior que les da un característico aspecto táctico y permite incorporar elementos con los contundentes cañones de agua que sirven para desescalar situaciones especialmente críticas-, o aquellos que actúan como patrones de las potentes embarcaciones que proyectan personal o especialistas en las técnicas del buceo sobre objetivos en la zona marítima en la que desarrollan su responsabilidad policial característica.

Asimismo, entre sus recursos más característicos encontramos el núcleo de tiradores de alta precisión que ya incorporó hace varias décadas los potentísimos rifles antimaterial/antipersonal del calibre 12,70x99mm (.50 Browning), los especialistas del THZ (Tactical Hazmat Team) que operan con trajes especiales y equipos de respiración autónomos que les permiten moverse con seguridad en áreas contaminadas con agresivos tan peligrosos como los NBRQ (nucleares, biológicos, radiológicos y químicos), o aquellos técnicos del Escuadrón de Bombas (Bomb Squad) que operan con robots controlados a distancia y disponen de todo aquello que les permite neutralizar y desactivar los más variados tipos de artefactos explosivos sean de tipo improvisado (IED, Improvised Explosive Devices) u ordinarios.

Además de los recursos señalados, son los encargados de todo lo que es la gestión organizativa de los recursos asignados a distintas cárceles, siete establecimientos penitenciarios a los que cada año llegan unas doscientas mil personas tras haber cometido algún pequeño delito y esperar la decisión sobre su sentencia o después de haber sido sentenciados por alguna cuestión de mayor entidad que exija esa compensación a la sociedad. Aquellos asignados a esta labor concreta, que vela por mantener a buen recaudo a una población de reclusos que se cifra en unos diecisiete mil, son oficiales cualificados para la labor concreta que realizan, bien distinta de la que caracteriza a sus compañeros que patrullan por las calles. Es habitual que muchos de ellos se gradúen dentro del colectivo de oficiales adscritos a cometidos carcelarios y después de varios años de experiencia en esos centros evolucionen para especializarse en tareas más genéricas, siendo también bastante habitual dentro del LASD que buena parte de los que solicitan ser adscritos a sus plantillas hayan cubierto un servicio militar previo en alguna de las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos o tengan alguna experiencia en departamentos y agencias policiales de pequeñas ciudades o de estados menos relevantes. En general, la satisfacción de la ciudadanía es buena respecto a la valoración del LASD y su trabajo cotidiano, aunque, como es natural, se han producido ciertas situaciones en los últimos años que han derivado en cierta alarma social y en acciones judiciales contra aquellos agentes que hayan promovido alguna infracción. No obstante, es reconocida su labor neutralizando las actividades de delincuentes, apoyando a los ciudadanos, trabajando intensamente en localizaciones de personas o de accidentados en incidentes relacionados con el tráfico o las actividades deportivas al aire libre, o la reducción de la criminalidad asociada al tráfico de sustancias narcóticas.

Como apunte final señalar que el 29 de junio de 2020 conocimos unos importantes recortes en el presupuesto del Condado de Los Ángeles que van asociados a la pandemia del COVID-19. Fruto de los mismos, que están valorados en unos quinientos cincuenta y cinco millones de dólares, el LASD será el más afectado al ver reducir sus previsiones, tener que despedir a trescientos de sus efectivos y ver como sus plantillas eliminan nada menos que mil quinientas veinticinco de sus vacantes. Se eliminarán los departamentos de Víctimas Especiales, de la Operación “Safe Streets” que investiga delitos de bandas y recaba inteligencia de su actividad, de Fraude y Delitos Cibernéticos, y la Oficina de Delitos Mayores que está especializada en la investigación de secuestros para pedir rescate, prácticas médicas ilegales, extorsión o contratación de personas para llevar a cabo asesinatos.

Este artículo fue originalmente publicado en la Revista Tactical Online Julio 2020

Tactical Online Julio 2020
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