PROTECCION ANTITERRORISTA

Autor y Fotos:           Octavio Díez Cámara

Hablaba, hace sólo unas semanas, con un oficial de alto rango de una institución policial española sobre los distintos tipos de amenazas a los que nos enfrentamos hoy. Me apuntaba, como ya es conocido por muchos, que la posibilidad de un atentado terrorista, o de que algún enajenado intente actuar en escenarios donde hay una gran afluencia de público, es hoy por hoy una realidad palpable, tanto que la idea de cómo actuar ante esas hipótesis está siendo exportada desde distintos ámbitos de la Unión Europa a otras naciones de nuestro entorno donde se percibe que ese tipo de incidentes puedan también acontecer.

En ese marco general de una posible acción contra civiles desarmados, ya sea empleando explosivos, vehículos, armas u otros elementos que puedan causar un número de bajas importante e incidan en una amplia difusión mediática del suceso -que un atentado salga en los canales de las televisiones de todo el mundo puede ser uno de los objetivos que buscan algunos núcleos terroristas de carácter yihadista-, vivimos el momento actual. Por ello, y para evitar acciones indiscriminadas de distintos orígenes sobre ciudadanos, turistas y visitantes ocasionales, se han establecido diversos niveles de alerta y diferentes tipos de dispositivos que están activos en todo tipo de ciudades.

Respuesta inmediata

Las últimas semanas de 2019, y los primeros días del año 2020, son fechas señaladas para diferentes grupos de personas en todo el planeta, pues además de ser días en los que algunas religiones rememoran distintos hitos históricos se da la circunstancia que hay muchas jornadas festivas, se acude con mayor intensidad a centros comerciales y hay mucha más gente en las zonas más céntricas disfrutando de lo que se les ofrece.

Es en ese entorno, en el que se incide en una elevada concentración de personas desprotegidas, en el que los responsables policiales han identificado, y algunos de los hechos más violentos que han acontecido en los últimos años así lo atestiguan, que puede surgir un ataque. Principalmente, se trabaja con la hipótesis que una organización terrorista de origen yihadista pueda preparar una acción violenta de forma directa o incidir en que alguno de sus seguidores sea quien la ejecute a modo individual. En distintos medios de difusión propagandística usados por facciones de origen terrorista se alienta a obtener todo tipo de recursos para actuar contra personas desarmadas, ya sea por medio de artefactos explosivos de tipo improvisado (IED, Improvised Explosive Devices) -el acceso a artefactos comerciales está cada vez más controlado y es más difícil para evitar que no caigan en manos equivocadas-, empleando vehículos de gran tonelaje que sean difíciles de parar cuando se desplazan a cierta velocidad por su masa relevante, haciendo uso de armas llegadas por vías ilegales desde zonas de conflicto o, simplemente, recurriendo a cuchillos u otros artefactos cortantes que son especialmente comunes en nuestra sociedad.

Sea cual sea el elemento usado para intentar matar o herir a civiles desarmados, la realidad es que estamos ciertamente desprotegidos como sociedad ante aquellos que son violentos y quieren expresar ese carácter sobre nosotros. Por esa incapacidad personal palpable para auto defendernos de diferentes amenazas, está claro que la responsabilidad recae en las instituciones de carácter público y gubernamental.

De un lado, se ha venido potenciando la actuación de organizaciones dedicadas a la obtención de Inteligencia para seguir determinados sujetos y conductas y así identificar a algunas de las amenazas potenciales. No ha sido fácil esa línea de trabajo, pues la legalidad vigente en Occidente está muy focalizada en la protección integral de los derechos de todas las personas, incluso de aquellas que pueden ser quienes atenten contra sus conciudadanos. De otro, lo que se ha hecho es reforzar determinados dispositivos. En aquellos lugares en los que se ha identificado que el tránsito regular de personas es elevado o que se dan grandes afluencias de público en determinadas jornadas o en alguna franja horaria concreta se han desplegado tanto medidas físicas contundentes -barreras, bolardos, etcétera- que dificulten sobre todo el movimiento de vehículos y/o se han desplegado sistemas de vigilancia optrónica con cámaras de televisión diurnas y nocturnas que permiten un seguimiento integral de lo que acontece incluso en momentos del día donde la presencia de público sea menor.

Paralelamente, o complementariamente a la decisión de apostar por dispositivos de mayor o menor contundencia o de una tecnología más o menos elaborada, lo que se ha hecho también es generar recursos policiales con un mayor número de agentes -algunos países, como Francia o Italia, también recurren a fuerzas de carácter militar que actúan complementariamente a los recursos de vigilancia interior más tradicionales- para así incidir en que aquellos que valoren la hipótesis de atentar vean que no lo van a tener fácil y se lo piensen, no haciéndolo o buscando un lugar menos interesante para lo que buscan. Los hay en puntos visibles para que pueda identificarse su presencia y hay otros desplegados de manera más discreta para que no sea fácil su localización y ubicación determinada.

Ese personal trabaja ahora, o así debería hacerlo, con un nivel de formación, adiestramiento -dispositivos como los simuladores de VirTra son una muy buen ayuda en ese sentido- y equipamiento que es bien distinto del que sólo hace unos años les caracterizaba.

Protección y letalidad

Se ha incidido mucho, y, previsiblemente, así se va a seguir haciendo en un futuro a corto y medio plazo, tanto en la protección personal de los uniformados, que garantizará su máximo nivel de auto supervivencia individual y colectiva en caso de ser atacados o de tener que repeler a quienes atacan a otros, como en la de proveerles con medios que hagan que su respuesta sea clara y determinante.

Sobre los del primer grupo, concretar que actualmente las prendas antibala que muchos policías llevan consigo en el devenir de sus jornadas habituales de trabajo, pensadas para detener proyectiles como los clásicos del 9×19 milímetros Parabellum y en algunos casos optimizadas para evitar los efectos de instrumentos cortantes y punzantes, no son lo mejor para actuar en aquellas hipótesis más violentas que en este artículo repasamos. Dado que equiparlos con gruesas prendas antibala para sus torsos reduce su capacidad de reacción y restringe sus movimientos y además no detienen los proyectiles del 7,62x39mm -del fusil de asalto AK47- de los terroristas, parece mejor opción el que se empleen en determinados dispositivos, los ahora en boga plate carrier o porta placas. Se trata de prendas compactas y más ligeras diseñadas para, como sucede con opciones que incluyen modelos de 5.11 Tactical como el All Mission o el Tactec o el chaleco GEO7 TACTEC, situar en su interior dos placas capaces de detener los impactos del 7,62x39mm o similares. Estos porta placas son económicos de adquirir, versátiles de utilizar y ofrecen una notable rentabilidad desde el punto de vista de la eficiencia a aquellos que los tienen a mano. De hecho, son los mismos que utilizan muchas de las tropas OTAN en las zonas de despliegue, entre ellas algunas españolas.

Su uso ya ha comenzado a generalizarse en distintos colectivos que los llevan en sus coches patrulla y furgones y los usan en algunos tránsitos o en dispositivos estáticos de vigilancia. Si su empleo en las calles es cada vez más habitual, pronto lo va a ser el hecho de que los policías realicen determinados despliegues o actuaciones provistos con prendas antibala para su cabeza que eviten los efectos de impactos en esa zona tan crítica. La firma austriaca Ulbrichts, que conocen muy bien los integrantes de las unidades de asalto con mayor reputación en Europa, propone soluciones más versátiles que incluyen el Casco Balístico SC (Seguridad Ciudadana) que es capaz, a diferencia de soluciones de bajo coste, de detener proyectiles y transferir un nivel de energía infinítamente menor que sus competidores a la cabeza del agente, evitando así posibles lesiones. Además, pueden usarse con o sin la visera de protección frontal, junto a equipos de comunicaciones personales o incluso con máscaras de respiración autónoma que son útiles en situaciones donde puedan concentrarse agresivos de tipo NBRQ (Nucleares, biológicos, radiológicos y químicos). Ulbrichts sigue avanzando en sus diseños y acaba de presentar nuevos y más capaces modelos pensados incluso para detener impactos de los AK’s, incluso proyectiles del 7,62x39mm.

Complementariamente, a lo que es la protección propia e individual de los agentes, debe tenerse en mente la protección colectiva como los Escudos Antibala y la Barreras Balísticas.

Garantizada la protección, y reforzada esta con soluciones que hoy son imprescindibles e incluyen a las fundas antihurto Xtreme de la italiana Radar, para las que están disponibles distintos tipos de arneses y evitan que otros accedan a la pistola del uniformado, o a las robustas y eficientes defensas extensibles de la estadounidense ASP.

Está perfectamente claro, y no todos aún lo han entendido así, que los policías tienen que contar con más potencia de fuego que las semiautomáticas que llevan que suelen disparar municiones del 9x19mm Parabellum.

Debería optarse de un lado por proveerles con un mayor número de cargadores, de los que los que propone la estadounidense Magpul son una muy buena solución para modelos como los Glock o incluso para determinadas armas de asalto como el BT-APC9, y de equiparlos con municiones con mayor capacidad balística que las provistas con proyectiles blindados (FMJ) poco versátiles y hasta, en determinados casos, peligrosos por el alto poder de penetración. La compañía suiza RUAG ha desarrollado gamas especialmente selectas como el nuevo cartucho ACTION-6 que sustituye al SECA que garantizan el mayor nivel de incapacitación sin sobrepenetración evitando que alcance a inocentes.

Si esta última es mayor, cómo cuando uno o varios sujetos disparan indiscriminadamente sobre los ciudadanos o cómo cuando un terrorista conduce un vehículo atropellando a todo el que puede, hay que ser certero y efectivo cuando se intenta actuar contra ellos. La suiza B&T ha desarrollado varios modelos fusiles como el APC-223 y APC-300 que son especialmente eficientes, robustos y de funcionamiento impecable, por lo que algunas agencias policiales europeas ya los han adoptado, incluso en variantes semiautomáticas o adaptadas para cartuchos tan novedosos como el .300 Blackout. Si no se dispone de ellas o es difícil hacerlo, puede concretarse la incorporación de pistolas como la USW-A1 del mismo fabricante, o de alguno de los módulos USW (Universal Service Weapon chasis) que proponen para los modelos más difundidos, que con unas dimensiones similares a una pistola reglamentaria aportan más precisión y eficacia en el tiro al contar con una culata plegable y un anclaje para un efectivo sistema de puntería Aimpoint ACRO de punto rojo que permite afianzar mejor el arma y alcanzar blancos de 15cm a 40 metros con la pistola de servicio.

El novedoso ACRO de la sueca Aimpoint, es un modelo ultracompacto que gracias a su punto rojo facilita el encare en situaciones dinámicas y especialmente en entornos urbanos (CQB, Close Quarter Battle) para armas cortas o para subfusiles compactos. En subfusiles y fusiles de asalto medios el mismo fabricante propone modelos como el más económico PRO (Patrol Rifle Optic) o los compactos “CompM5” y “Micro 2”; éste último, por ejemplo, lo llevan los agentes de la Policía Autonómica de Cataluña que patrullan con arma larga por las calles de las principales ciudades catalanas, y una parte de nuestras tropas en zona de despliegue, siendo también de Aimpoint los que emplean quienes patrullan en ciudades como Londres o Nueva York.

La presencia de policías bien equipados y adiestrados en las calles ya es de por sí un elemento disuasorio especialmente positivo, pero en situaciones de alto riesgo puede marcar la diferencia en la incapacitación de los terroristas como en el atentado del 17-AGO en Barcelona.

Este artículo fué publicado en el número de la Revista Táctical Online Enero 2020.