Guardia Metropolitana uruguaya: recursos antidisturbios

Autor:   Octavio Díez Cámara

Eventos deportivos de especial magnitud, grandes concentraciones de masas, espectáculos públicos, presencia de VIP’s (Very Important Persons), reuniones del más alto nivel,…, son algunas de las situaciones que requieren de la presencia de contingentes policiales más preparados para dar respuesta a hipotéticas algaradas, manifestaciones y hechos de cierta violencia. Aquellos que protagonizan estas páginas son oficiales de Policía de la República Oriental del Uruguay. Se trata de un contingente de carácter policial que es reducido en cuanto a entidad pero incluye hombres que se caracterizan por una alta especialización; son, por su carácter y adiestramiento, uniformados mucho más capaces que los que normalmente patrullan por las calles de su país.

A ellos, se les confía atender a situaciones de alto riesgo o participar en dispositivos donde su presencia o intervención puede suponer un mejor control situacional de lo que pueda llegar a acontecer. Por ello, y como verán en las páginas siguientes, siguen un proceso de selección y preparación que les capacita para asumir diferentes cometidos dentro de su especialización policial; en ellos, centraremos también algunas de nuestras referencias sobre su potencial de intervención.

Recurso nacional

La  Guardia Republicana despliega en diferentes puntos del la geografía uruguaya y asume cometidos relacionados con la seguridad del día a día en ámbitos rurales o urbanos. La especificidad que define a la capital del país, por el número de personas que allí viven y por la complejidad de alguno de sus barrios, país llevó a situar allí un núcleo especializado de la anterior, al que se conoce como Guardia Metropolitana. Esta última, sería como la Infantería y complementa a lo que es la Guardia de Coraceros, la Caballería.

Su máximo responsable es un capitán que gestiona, auxiliado por un pequeño elemento de “staff” en el que se incluye a otro capitán como 2º Jefe, una organización en la que encontramos cuatro recursos distintos en los que su principal carácter es una dilatada especialización. Uno de ellos, en el que nos vamos a centrar, son los conocidos como antidisturbios.

Se les identifica como Compañía nº 2 en lo que es la organización a la que pertenecen, aunque ese último apelativo es el que se emplea en términos generales para identificarlos respecto de otros. Son cerca de un centenar de hombres los adscritos a su plantilla.  Su Jefe es un teniente 1º, oficial que, junto a una pequeña Plana Mayor de carácter administrativo y de coordinación, gestiona lo que son los entrenamientos y despliegues que les caracterizan.

Para poder atender a lo que es su día a día les recaba están organizados en cuatro grupos de unos veinticinco efectivos cada uno, de forma que cada jornada de la semana haya uno de ellos en alerta inmediata para poder atender a lo que sea menester y hacerlo con gran rapidez. Porque siempre hay personal de baja, en vacaciones o realizando algún curso o especialización, lo que se busca es que pueda disponerse de lo que ellos definen como “grupo de choque”. Está al cargo de un oficial subalterno -Alférez, Teniente 1º o Teniente 2º- y su entidad es de doce efectivos, cantidad de agentes que en el dilatado historial que les caracteriza se ha demostrado suficiente para actuar en la mayor parte de los operativos a los que se destina. Parecería poco, pero téngase en cuenta que se mueven con dos vehículos y son reforzados por otro personal complementario, lo que les brinda mayor “entidad” visual; si la situación lo requiere, se desplegarían dos, tres o más grupos, actuando en una regulación proporcional a lo que pueda ir aconteciendo.

Esa estructura operativa ha quedado definida por los turnos de trabajo que les caracterizan y por lo que de ellos se suele exigir. Cada agente entra de servicio a las siete de la mañana y por periodos de veinticuatro horas consecutivas que dedica a lo que son los entrenamientos que definen su especialización, a atender a aquellas alertas que puedan ir surgiendo, a estar presentes en aquellos dispositivos programados donde se les requiera, o a actividades propias del mantenimiento y entretenimiento del material y equipo. Tras un día de trabajo tienen tres días libres,

Lo más usual es que no se requiera su presencia, salvo situaciones especialmente complejas que pudiesen surgir. Complementariamente, pueden, llevando la uniformidad normal suya y elementos como las armas, atender a lo que se conoce como “Artículo 222”, una disposición administrativa que les permite trabajar como policías para terceros -empresas de transporte de caudales, vigilancia de entidades como el Banco República, presencia en centros comerciales, etc.- y recibir de éstos una remuneración que para muchos es básica a la hora de complementar el reducido salario que perciben desde las instancias oficiales.

Su preparación

El “carácter” que define a los cometidos propios de esta Unidad policial, en la que se mantiene el lema “Unión, fuerza, disciplina”, requiere de personas con un determinado perfil físico y psicológico. De un lado, apuntaremos que la oficialidad que está destinada a la Compañía nº 2 tiene que seguir una preparación específica para dirigir a sus subordinados. Su capacitación la consiguen a través de lo que se conoce como “Curso de Oficiales de Intervención”, una serie de conocimientos teóricos y prácticos que requieren de dos meses intensivos de clases de todo tipo y que tienen que asumir en régimen de internado.

Su cualificación profesional, para darles los recursos que requerirán en sus servicios reales, incluye temas como control de disturbios civiles, operaciones especiales, operaciones rurales, actuaciones en temas en los que se suponga la presencia de artefactos explosivos, protocolos de seguridad para acompañamiento de VIP’s (Very Important Person) y otros muchos más. Es un periodo especialmente duro y muy exigente desde el punto de vista físico.

Respecto de lo que ellos conocen como personal subalterno, grupo que incluye todos los suboficiales y los policías de base, apuntar que lo normal es que escojan este destino justo al iniciar su carrera profesional y cuando son guardias de segunda. Lo harán tras superar los tres meses de preparación inicial y al haber demostrado que son físicamente fuertes y que en lo psicológico también superan a lo que es normal en la media.

No todos valen para ser antidisturbios y es normal que de setenta candidatos sólo se selecciones a un quince por ciento, diez o doce más o menos. Éstos tendrán que seguir una preparación inicial de carácter interno que se conoce como “Adiestramiento en Control de Disturbios Civiles”. Dura una semana intensa, periodo especialmente duro en el que se les lleva a un punto de cansancio físico que llega a agotar a los alumnos. Se les somete a una notable presión psicológica que tienen que soportar, buscando aquellos que serán idóneos. Todo ello, tiene un objetivo básico: que los seleccionados puedan incluirse en los grupos de choque y permanezcan en disposición de actuar pero sin que la situación que les envuelva -en especial grupos de violentos gritándoles o intentando generar en ellos una determinada respuesta- sea definitoria de lo que realizarán.

Cuando se les ordene, intervendrán. Buscarán hacerlo como “una fuerza inteligente”. Estos guardias están sometidos a un intenso adiestramiento que incluye prácticas casi todos los días. Trabajan sobre todo los despliegues con sus vehículos, las distintas formaciones cerradas con las que buscarán “intimidar” a sus oponentes -un grupo de doce podrá ser efectivo contra quinientos, eso sí aplicando con control sus diferentes capacidades-, se adiestran con los lanzadores de granadas lacrimógenas y máscaras antigás para estar preparados y actuar diligentemente cuando les sea necesario usarlos, practican el tiro con los diferentes modelos de armas cortas de dotación, se entrenan en lo que es la progresión por espacios urbanos para cuando se les requiera actuar en situaciones domésticas, etc.

Todo ello busca prepararlos para los diferentes cometidos que a ellos, como fuerza de choque que son, se les exigirá. Uno, el principal, sería actuar como elemento antidisturbios en caso de incidentes, desórdenes públicos, algaradas, enfrentamientos entre hinchas deportivos y un largo etcétera de situaciones donde un disturbio mal controlado pueda degenerar en una situación difícil de estabilizar. Otro sería intervenir en cárceles con ocasión de motines o de revueltas, para que los presos depongan de actitudes hostiles.

Junto a los anteriores, podríamos incluir las labores de patrullaje que pueden encomendárseles en zonas conflictivas o cuando se detecte un repunte de cierta actividad criminal en un área determinada. También les corresponde el acompañamiento de VIP’s o de los autobuses que trasladan a los equipos de fútbol, baloncesto,…, en determinados encuentros de referencia nacional o internacional; el traslado de determinados detenidos o el acompañamiento a centros asistenciales sería una actividad complementaria.

Sobre su equipo, decirles que llevan un cinturón clásico de concepción e inspirado en los antiguos de tipo militar. Allí, sitúan elementos como la pistola Glock 19 del calibre 9x19mm Parabellum, que llevan en una funda fijada en el costado de la pierna para que quede especialmente a mano, y varios cargadores para la misma. También grilletes, varios tipos de defensas y los equipos de comunicaciones que garantizan los enlaces entre el personal, aunque en determinados dispositivos recurren a órdenes visuales que también son muy efectivas.

Para el caso de algaradas, motines y demás tipos de revueltas recurrirán a un equipamiento específico que incluye tomfas de madera especialmente contundentes y protecciones de material sintético cubriendo la parte frontal inferior de las piernas. En la cabeza emplean cascos de protección con visera frontal para evitar cualquier impacto accidental y un reborde trasero que protege la zona del cuello, sobre todo de objetos que les puedan lanzar. En el torso una prenda antibalas ligera y de tipo exterior, con fijaciones de velcro para situar diferentes tipos de rótulos que avisen de lo que son.

Además de la semiautomática, que tiene una utilidad determinada, recurrirán a escopetas para lanzar disparos de salvas o de proyectiles no letales. Se trata de modelos del calibre 12 y accionamiento por corredera, de los que disponen de ejemplares con culata fija y otros con culata tipo pistolete que reduce su tamaño general y facilita los movimientos en lugares exiguos. Llevarán con ellos lanzadores monotiro con los que disparar diferentes tipos de artefactos, especialmente lacrimógenos y fumígenos, con los que desescalar tensiones. En determinadas actuaciones lo harán llevando con ellos los subfusiles Heckler & Koch MP5A2 y A3 -unos con culata fija y otros con ella retráctil- que, desde hace muchos años, tienen en dotación, armas también del 9mm Para. en las que es habitual estén provistas de dos cargadores -unidos con grapa de HK- con capacidad para treinta municiones en cada uno. Escudos balísticos de protección, furgones Mercedes “Sprinter” de tipo largo acondicionados para el traslado de personal, vehículos ligeros y hasta algún camión blindado 4×4 para determinadas actuaciones -un antiguo furgón de transporte de caudales con un pacha choques reforzado y otros implementos- completan lo más característico de esta fuerza policial.

Complementariamente a ese núcleo descrito, y como refuerzo, la Guardia Metropolitana puede activar otra de sus capacidades. Se la conoce como Brigada “Puma”. Es un núcleo de intervención inmediata caracterizado y equipado con patrullas especialmente móviles que están dispuestas a actuar con especial diligencia cuando se les recabe. Los “Puma”, conocidos anteriormente como Compañía nº 4, tienen como máximo responsable a un teniente 1º que coordina la actividad de medio centenar de agentes. Operativamente hablando, apuntar que lo que les caracteriza es que trabajan como “unidad de combate”. Esa es la designación que en este grupo se da al binomio o binomios que trabajan juntos. Cada uno de ellos está formado por dos agentes moviéndose en otras tantas motocicletas y trabajando, de forma especialmente coordinada, en beneficio de una misión particular que se les pueda asignar o de la genérica que les caracteriza: vigilar para actuar de inmediato cuando surja una problemática de seguridad que tenga que ser atajada de raíz. Esa disposición operativa en lo que a sus vehículos se refiere, les permite moverse con más agilidad en aquellos lugares en que el tráfico sea más intenso y llegar antes al punto donde se les requiera, pudiendo desplazarse tanto por zonas urbanas como rurales porque la mayoría de sus motos son todo terreno y de tamaño bastante compacto.

Este artículo fue publicado en el número de la Revista Táctical Online Julio 2019.

Tactical Online Julio 2019
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